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Xavier
Laborda Gil
xlaborda@ub.edu
Departamento de Lingüística.
Universidad de Barcelona
Tonos Digital, número 6, diciembre de 2003, Universidad de Murcia (www.tonosdigital.com)
La comunicación mediante la red de Internet es un fenómeno social muy
activo y cambiante. Los aspectos cuantitativos resultan llamativos. En el
mundo, más de cien
millones de servidores telemáticos ofrecen información a los usuarios , pues
albergan dos mil millones de páginas web o sitios de Internet. Con todo, la
mayor parte de la información que circula por Internet no está en las páginas
sino en el correo electrónico, que cubre un 70% del total de información. A lo
anterior hay que añadir los aspectos cualitativos de la red, que son los más
destacables y que se refieren a las nuevas situaciones comunicativas y a las
oportunidades de las lenguas en esta telaraña global. Pero también a las buenas
maneras de los interlocutores, es decir, a la elección del registro y del
estilo apropiados, a la cortesía que hay que desplegar y la inteligibilidad de
los mensajes. Estas buenas maneras o netiquette tienen un campo de
aplicación en las situaciones comunicativas que aporta Internet, que son el
correo electrónico, los grupos de conversación o chat, los entornos de
juego en línea y las páginas web. De estas situaciones, nos ocupamos aquí del
correo, para comentar las operaciones habituales en su uso y el efecto de la
cortesía en sus comunicaciones. [1]
Palabras clave: cortesía, géneros, Internet,
estilo, correo electrónico, situaciones comunicativas, mensajes, gestión de la
información.
Sumario
1 La cortesía en la comunicación
2 Cantidad y saturación
3 Un tiempo que vuela
4 Situaciones comunicativas en Internet
5 Correo electrónico
1 Tres referencias básicas: remitente,
destinatario y fecha. 2 Asunto. 3 Cuerpo del mensaje y convenciones de
cortesía. 4 Información en el cuerpo del mensaje y en un archivo adjunto. 5
Tarjeta personal. 6 Edición del mensaje y uso del corrector ortográfico. 7
Medida de los mensajes. 8 Respuesta a los mensajes. 9 Archivo de mensajes. 10
Libreta de direcciones.
6 Operaciones habituales en el correo y
buenas maneras
1 Selección de mensajes. 2 Respuesta al
corresponsal. 3 confidencialidad de la comunicación. 4 Relevancia en la
comunicación. 5 Cláusula de baja en la lista de distribución. 6 Registros del
tratamiento. 7 Frecuencia de las sesiones de correo. 8 Presiones del entorno. 9
Cuestiones legales. 10. Hechos inexplicables.
7 Estilo del correo electrónico y comentario
de un mensaje
8 La cortesía, capacidad técnica, cultural y
social
9 Coda
10 Bibliografía
Notas
Las páginas de Internet y el correo electrónico aportan unos canales de comunicación de gran influencia. Pero para conseguir que sean elocuentes y eficaces es recomendable que el usuario domine la netetiqueta (del francés, netiquette) o buenas maneras de la comunicación. Es frecuente observar dificultades e inseguridades de algunos comunicantes para dar con el registro apropiado para la relación e-mail o epistolar. En las relaciones consultivas, como por ejemplo entre estudiante y profesor, suele costar a los corresponsales dar con el tenor interpersonal y tratamiento apropiados, a pesar de su facilidad formal. ¿De tú o de usted? ¿La petición expresada de modo directo y escueto o bien con delicadeza y gradualmente? ¿Se envía un mensaje tras otro a nuestro corresponsal o se usa con discreción y selectivamente su dirección electrónica? La formación de los estudiantes en las buenas maneras internáuticas es un aspecto modesto pero muy provechoso para su comunicación.
La cortesía es un comportamiento en el hablar y en las maneras que procede originalmente de las pautas de la corte. El palacio es ese ámbito áulico y de poder en que se exhiben las exquisiteces de un registro privilegiado. La cortesía permite tratar con tiento la complejidad de las tareas y las relaciones palaciegas. Su origen documentado se remonta a la civilización egipcia, con textos explícitos al respecto, pero es razonable imaginar que se practicara también en la cultura sumeria. La cortesía en la comunicación telemática comprende el estilo, las fórmulas expresivas y de tratamiento, el registro y los usos. Los usos comunicativos afectan a la cantidad y la calidad de los mensajes, su proporción y la relevancia para el destinatario. Por ejemplo, los mensajes de cadena, esto es, los reenviados a muchos destinatarios y que transmiten mensajes recibidos a través de múltiples intermediarios, son por lo general una muestra de la desproporción y la irrelevancia. Para enmarcar mejor este tipo de comunicación, podemos señalar que el correo comercial no deseado o spam es el hermano venal de los mensajes en cadena.
Nuestros comentarios son deudores de varios textos, brillantes en su contenido y con el don de la oportunidad en el tiempo. El estudio de sociolingüística que ha elaborado David Crystal en El lenguaje e Internet (Cambridge, 2003) es el trabajo más completo y comprehensivo de la comunicación en la red. La reseña publicada por Antonio Bañón en el número 4 de Tonos Digital (www.tonosdigital.com) del libro de Crystal aporta una información muy rica y sagaz sobre su contenido y sobre las líneas de investigación que abre. En el mismo número de Tonos Digital se publica un artículo imprescindible de Miguel Zapata, “Las buenas manera en Internet”, que refleja un dominio de lo lingüístico y lo tecnológico, perfectamente conjuntados. En cuanto al estilo, una obra de referencia es Estilo y texto en la lengua, de Joaquín Garrido Medina, que brinda un panorama rico y extraordinariamente argumentado sobre la cuestión.
Internet es sólo un campo de la comunicación actual. Un campo, sin embargo, que está provocando unas transformaciones sociales muy intensas y con una rapidez inaudita. Bastan los diez dedos de las manos para contar los años de aplicación efectiva de Internet, pero su evolución es tan notable que llegamos a percibirla agrandada en el tiempo y en el espacio. Son los efectos de la admiración popular y del gran revuelo –no siempre objetivo y desinteresado– que se produce al invocarlo en los medios de comunicación.
El fenómeno de Internet tiene aspectos comunes con el desarrollo de otros medios electrónicos de comunicación. Es el caso también de la telefonía celular, por ejemplo. Si las primeras páginas web de Internet datan de 1993 (dejemos como un precedente el prototipo de Tim Berners, de 1991), los teléfonos móviles han cumplido en 2003 veinte años.
El usuario del teléfono móvil y de varias direcciones de correo electrónico puede llegar a sentirse tentado de exclamar lo siguiente: “He llegado a un punto en que mi propósito principal es no recibir más mensajes”. Es la frase humorística y quizá también sincera que ha dicho Umberto Eco.[2] En realidad, atempera su deseo con la expresión “he llegado a una edad...”, con la que relaciona el efecto del exceso de mensajes a una cuestión de edad. Eco es un novelista respetado y una celebridad académica en lingüística y crítica literaria. Su agenda debe de estar llena de anotaciones con ocupaciones científicas y sociales. Es razonable que aspire a tener un respiro. Además, ha cumplido los 71 años y su conocida vitalidad le anima a concentrarse más en nuevos proyectos que en e-mails y llamadas de telefonino.
La perspicacia de Eco al señalar la edad y su relación con ciertos deseos es impagable. Una adolescente le dice a otra con cara de fastidio:
Jo, tía, soy
superimpopular. ¡Sólo he recibido veinte SMS en toda la tarde!
Es un chiste gráfico de Jordi Labanda,[3] en su sección “Si te he visto no me acuerdo”. La sed de sociabilidad y de comunicación interpersonal puede variar intensamente con la edad. Pero esas dos situaciones opuestas en el deseo, la de recibir menos mensajes del profesor emérito y la de recibir más de la joven, tienen mucho en común. No importa tanto su orientación como la presión de los medios y el uso que de ellos hace la gente. Comparten unas condiciones similares de comunicabilidad. Eso es lo significativo.
Una imagen del escritor polaco Stanislaw Lem –diez años mayor que Eco– reafirma la interpretación de la presión de los medios que proclamaba Eco. “El aluvión de imágenes —dice Lem— corre sin cesar y el espectador se siente como si se hubiese metido en una bañera con el chorro de la ducha a plena potencia y después arrancase el grifo”.[4] Vivimos bajo un diluvio de mensajes, en una casa cuyas paredes son pantallas y sus muebles más aparatos de comunicación. Lem vive la experiencia de la ducha torrencial como una ordalía.
¿Se trata de una interpretación generacional? Sería una simplificación pensar así. No es una cuestión generacional, sino una forma de encarar el fenómeno. Una estimable corresponsal nuestra, Roberta Zeta, envió por correo electrónico una curiosa circular a las personas que figuraban en su agenda de direcciones mail. El texto decía lo siguiente:
Asunto: Baja del correo electrónico
Fecha: Mon, 05 May 2003 13:20:28 +0200
De: Alberta Zeta
A: profesor@universidad.edu
Queridos amigos:
He
decidido quitar de en medio, del escritorio, el insoportable correo
electrónico… Para los que me puedan necesitar por razones de trabajo hay una
solución muy fácil: enviad un fax al xxxxxxxxx o llamad al teléfono xxxxxxxxx.
A
los demás, a los amigotes, os invito a que quedemos para comer, tomar un café,
charlar... ¡Cualquier excusa es buena!
Un abrazo de verdad, aunque sea por correo.
Roberta Zeta
Ante un mensaje tan sorprendente y sentido es difícil saber cómo reaccionar, cómo responder a Roberta Zeta. Se le puede enviar un mensaje de recepción, pero quizá con ello aumentemos sin necesidad la carga de su buzón. Y, por otra parte, se puede dudar entre acompañarle en el sentimiento o darle la enhorabuena por ser capaz de tomar la decisión de clausurar su cuenta de correo. Optamos por enviarle un mensaje de despedida del canal mail en el que elogiábamos la resolución de su gesto. Es un gesto que quizá ni el mismo Umberto Eco se ha atrevido a realizar, por más que le sea tan conveniente para su anhelo de tranquilidad.
La historia de
Internet es sobradamente conocida. Pero su recordatorio resulta útil para
apreciar las fases de un proceso de aculturación tan rápido e intenso. Nos
interesa apreciar tres etapas fundamentales de su historia: fundacional
(1969-1988), refundacional (1989-1994) y universalizadora (1995-...). Ésta es
una clasificación intuitiva, sin otro valor que el de revelar hasta qué punto
se han producido cambios en la estructura, nombre y funcionalidad de la red.
Primera
etapa: Fundación experimental (1969-1988)
En 1969 se creó la
primera red mundial que conectaba servidores -ordenadores prestadores de
servicios- y ordenadores, que recibiría más adelante el nombre de Internet. En
sus primeros años se denominó Arpanet, acrónimo de Advanced Research Project
Agency. El trasfondo histórico era la guerra fría y el enfrentamiento de los
bloques capitalista y comunista. Internet tuvo carácter experimental en el
campo militar, pues fue una iniciativa del departamento de Defensa de Estados
Unidos. Se conectaron cuatro ordenadores de las universidades de California y
Utah. Y se concibió una red con una estructura abierta, de modo que cualquiera
de los usuarios podía introducir la información y los contenidos que quisiera;
del mismo modo, cada usuario podía acceder libremente a la información que
deseara. Esta arquitectura abierta, fruto de una estrategia de resistencia ante
un posible ataque enemigo y también de una utopía comunicativa, ha quedado como
una de las principales y más ricas características de la red informática. En
1989 se disolvió Arpanet.
Segunda
etapa: Refundación (1989-1994)
En 1989, el inglés
Tim Berners-Lee ideó y promovió la idea de una “telaraña global”, tal como hoy
se entiende Internet, y creó en 1991 la primera página web. El núcleo de este
trabajo se generó en Suiza, al calor de las actividades y las comunicación del
CERN, el laboratorio europeo de física de nuclear. En 1993 había ya en la red
varios centenares de páginas web. En 1994 se inauguró First Virtual, el primer
ciberbanco.
Tercera
etapa: Universalización (1995-…)
El lenguaje Java,
elaborado como un estándar de la navegación telemática, apareció en 1995. El
impulso político se produjo al año siguiente, en 1996, con la declaración de
interés público por el gobierno de Estados Unidos y un plan de conexión a la
red de todas sus escuelas. En muy pocos años el desarrollo de la red ha sido
alto. Más de cien millones de servidores ofrecen información a los usuarios. En
el mundo hay dos mil millones de páginas web o sitios de Internet. Pero hay
más; estos sitios dan acceso a ramificaciones, con un total de medio billón de
páginas. Si esta cantidad de oferta informativa y comunicativa es considerable,
aún lo es más por un hecho singular. Cualquier usuario de la red puede redactar
su propia página y publicar los mensajes que desee. Sin embargo, como se ha
dicho, la mayor parte de la información que circula por Internet no está en las
páginas sino en el correo electrónico, que cubre un 70% del total de
información.
La comunicación se
expresa mediante la lengua, con recursos gráficos y sonoros. Inicialmente, el
inglés fue la lengua de mayor uso, por el origen de Internet en centros de
habla inglesa y por la condición del inglés como lingua franca o lengua
de comunicación internacional. La expansión de la red y la diversificación de
contenidos ha comportado también el incremento de la presencia de otras
lenguas, entre ellas el castellano. Ello se produce a la vez que se introduce
en la red nuevos servicios y contenidos. La red global se compone en realidad
de comunidades de usuarios que se agrupan por afinidades culturales, de idioma
o de intereses. Ello facilita el desarrollo de lenguas como el castellano u
otras más, además del inglés. La clave de este desarrollo lingüístico y
cultural está, por una parte, en la generalización del acceso telemático entre
la población y, por la otra, en la calidad de los contenidos que se crean y
ofrecen en la red.
Internet ha
modificado algunas situaciones comunicativas y ha creado otras. El uso y el
estudio de estas situaciones resulta muy útil para comprender los mecanismos de
la lengua y para mejorar las capacidades expresivas de los hablantes. Aspectos
destacables al respecto son el registro y estilo apropiados, la cortesía que
hay que desplegar o la inteligibilidad de los mensajes.
En los referentes al
registro, se aprecia la combinación de rasgos de la comunicación escrita y la
oral. La escritura es actualmente el medio usual de comunicación, mientras no
se generalice el uso de voz, y está sujeta a las convenciones de la lengua
escrita: corrección ortográfica y gramatical, selección léxica y estructuración
del texto. Todo ello es necesario por diversos motivos; no hay contacto visual
ni comunicación no verbal; la relación puede ser diferida en el tiempo; y en la
comunicación (un chat, por ejemplo) pueden intervenir diversos
interlocutores o en ocasiones el mensaje puede ir destinado a un conjunto de
interlocutores desconocidos. La formalidad o el uso de un registro estándar,
propio de buena parte de los mensajes escritos, permite que los mensajes tengan
un organización adecuada. Sin embargo, la inmediatez y viveza de la
comunicación en red, así como la familiaridad entre sus comunicantes, ha
propiciado la combinación de rasgos de la lengua escrita y de la lengua
hablada. Los iconos afectivos y expresivos que, mediante el uso de signos de teclado
representan expresiones faciales, son un elemento de comunicación no verbal que
se superpone al discurso verbal de los interlocutores. Los iconos aportan
aspectos de la oralidad a los mensajes textuales que aparecen en pantalla.
Las situaciones
comunicativas que aporta Internet son el correo electrónico, los grupos de
conversación, los entornos de juego en línea y las páginas web (Crystal 2002).
A estas cuatro modalidades posiblemente se añada pronto la de la comunicación
simultánea de voz e imagen.
El
correo electrónico es la modalidad comunicativa más dinámica de la red. No en
vano, como ya se ha indicado, el correo está en el origen de la comunicación
telemática, en 1969, y en la actualidad es su gran motor. El correo electrónico
es una de las aplicaciones de la tecnología informática que sirve para
transferir mensajes entre usuarios. Son mensajes que se envían a direcciones
privadas, ya sea a las de un solo destinatario o a la de todos aquellos que se
desee. Los programas de correo permiten preparar listas colectivas de
distribución, según el propósito o el contenido de los mensajes. La utilidad de
las listas de distribución es evidente, por la facilidad y rapidez de los
envíos. En una envío colectivo, el remitente puede escoger entre dejar a la
vista de los destinatarios la identidad y direcciones de éstos o bien
ocultarlas por una razón de discreción. Para ocultar esa información se envía
el mensaje a los destinatarios como una “copia invisible” (bcc). Sin embargo,
por la misma razón de cortesía, se considera conveniente que el remitente
declare su nombre e identidad en la cabecera del mensaje.
El
formato del correo electrónico permite también indicar el asunto de la
comunicación, aunque suele figurar con el nombre de “tema”. Es recomendable
rellenar ese campo por una razón de cortesía con el interlocutor, pero también
lo es por interés del remitente; la expresión clara y precisa del objeto del
mensaje indica al remitente la importancia del texto y facilita su lectura. La
sección principal del correo corresponde al cuerpo del mensaje, cuyo contenido
y extensión varía según su objeto; sin embargo se suele preferir los textos
breves a los extensos. Si se adjunta un archivo, es conveniente indicarlo y
describir su contenido. En el caso de que el contenido del archivo adjunto sea
breve puede incluirse directamente en el cuerpo del mensaje, de modo que se
ofrezca la información de inmediato y se evite al destinatario la tarea de
abrir el archivo con un programa diferente o guardarlo en el disco del
ordenador. Responder al remitente al recibir el mensaje, aunque sea con un
texto breve de agradecimiento, es un comportamiento propio del corresponsal con
buenas maneras comunicativas.
Recogemos de modo sintético las
siguientes consideraciones sobre diez aspectos del correo: 1 Tres referencias
básicas: remitente, destinatario y fecha. 2 Asunto. 3 Cuerpo del mensaje y
convenciones de cortesía. 4 Información en el cuerpo del mensaje y en un
archivo adjunto. 5 Tarjeta personal. 6 Edición del mensaje y uso del corrector
ortográfico. 7 Medida de los mensajes. 8 Respuesta a los mensajes. 9 Archivo de
mensajes. 10 Libreta de direcciones.
El nombre de la
dirección de correo, cuando se ha escogido personalmente, resulta informativo
sobre la personalidad del remitente o sobre el tono que adopta en la
denominación de su cuenta de correo; por ejemplo, nikita@… refiere una
heroína del cine de acción, elpresonumero9@… denota una posición
política, gatomagico@… aporta una connotación poética o saltatrampas@…
proclama un lema personal. Sin embargo, el valor informativo del nombre de la
cuenta puede resultar incongruente en una relación formal o bien puede
convertirse en un motivo de chanza en boca de los corresponsales.
Algunos usuarios no han configurado su programa para que en los mensajes se indique su identidad. Por defecto aparece como nombre del comunicante su dirección electrónica, por ejemplo st1117@ww2.edu365.com. Además de la opacidad de muchas direcciones corporativas, sucede que ello aparece repetido en el encabezamiento cuando se trata del destinatario (A: st1117@ww2.edu365.com <st1117@ww2.edu365.com>), por lo que se intensifica la sensación de comunicación descuidada.
Es inusual. pero no
imposible, que el ordenador tenga alterada la fecha. En ocasiones, por diversos
desarreglos, el reloj vuelve a la fecha original de montaje del sistema del
ordenador. Cuando eso sucede, los mensajes aparecen con una fecha atrasada y su
clasificación en la lista de recepción queda alterada.
Es optativo rellenar el campo destinado al asunto o tema. Al consignar el asunto se cumple con un principio de cortesía, salvo en relaciones informales o de estrecha relación personal. Al indicar el asunto, se da la impresión de seriedad y de orden. El resumen del mensaje mediante un titular es un esfuerzo rentable para las dos partes. A la vez que adelanta la intención o contenido, ofrece pistas sobre la prioridad o interés de su lectura. Por otra parte, un asunto bien expresado puede captar mejor la atención del destinatario. Y, aunque parezca superficial esta ventaja, el estilo en que está redactado el mensaje y aun su idioma brinda al destinatario la convicción de que no es un mensaje publicitario o malicioso, como aquellos en que alguien se ha apropiado fraudulentamente de una dirección personal o suplanta una identidad con un nombre específico –pedromartinez@ o genérico –pedro– para realizar un sabotaje informático.
La selección de los
términos del asunto puede tener utilidad para archivar y localizar mensajes
enviados o recibidos. Ello significa que es recomendable redactar un título sin
artículo (“cena” en vez de “la cena”), con la merma en la calidad del estilo.
Para esta finalidad documental también es conveniente escoger bien el vocablo o
la expresión clave y soslayar las genéricas o comunes, para así destacar en un
repertorio de mensajes.
Sea por influjo de las
convenciones escritas, sea por la intención de un tono cordial, parece
recomendable usar el saludo y una expresión adecuada de despedida. Sin embargo,
es corriente leer mensajes en que esas secciones no aparecen y el cuerpo del
texto reina sin acompañamiento alguno. Antonio Bañón, en su reseña del libro de
Crystal (2002), se refiere de un modo concluyente a la ausencia de saludo en el
mensaje: “Quien escribe esta reseña confiesa el estupor que siente cuando
algunos compañeros de profesión envían mensaje suponiendo que el hecho de
obviar un saludo inicial es prueba de más informalidad, más confianza o mejor
adaptación a una virtual conversación”.[5]
La causa de este
comportamiento esquemático no es tanto el influjo de la oralidad, que también
se produce, como el del desplazamiento del género epistolar al de la nota. En
la nota, como la que se pega a la puerta de la nevera para la lista de la
compra o junto al teléfono para dar un recado, huelgan los preámbulos y las
despedidas. En ciertos casos es razonable aplicar el patrón de la nota, por
ejemplo, “Te ha llamado Basilio Zeta pero no estabas” o “Compra dos de pechugas
rebozadas y un brik de gazpacho”. El criterio para prescindir de las
convenciones de cortesía está en el registro que se puede emplear con determinados
interlocutores y fines comunicativos. Si en los encuentros orales resulta raro
no utilizar expresiones de saludo y contacto, otro tanto sucede con la
comunicación de correo electrónico.
El manejo de
archivos informáticos facilita la transmisión de mucha documentación. Se puede
enviar esa información en el cuerpo del mensaje o como archivo adjunto. Esta
última opción es recomendable cuando el corresponsal ha de disponer de la
información en un formato específico y original o bien cuando la información es
voluminosa. El interés del destinatario por acceder a esa información allana
las tareas y dificultades de los archivos adjuntos: a) guardarlos en el disco
duro, por precaución, y luego examinarlos con un programa antivirus; b) abrir
el archivo con el programa idóneo. Ahora bien, si el interés del destinatario
por la información es escaso, es posible que deje a un lado el mensaje, a la
espera de tener un rato libre, o que directamente lo elimine. La saturación de
mensajes en el buzón, la pereza lectora o la prevención ante riesgos de
mensajes maliciosos son algunos factores adversos de los archivos adjuntos.
Si la información
del mensaje tiene una medida razonable y no demasiado larga, es preferible
incluirla en el cuerpo del mensaje y opcionalmente adjuntarla también como
archivo separado. En este caso es conveniente indicar que la información que
aparece en pantalla es la misma que contiene el archivo adjuntado y, cuando no
es evidente la razón, se justifica la transmisión duplicada de información. Y,
aunque se trate de un mensaje elemental de varias líneas y de un archivo
adjunto, por cortesía y por redundancia informativa resulta recomendable
indicar que se anexa un archivo. La variable concentración del lector no
asegura que repare en la parte del mensaje donde figura gráficamente la
remisión al archivo adjunto. Este comportamiento descriptivo del contenido es
similar a ciertos envíos postales de cartas –por ejemplo, nóminas, cuyo formato
es particular porque la carta es un solo pliego y, por lo tanto, documento y
sobre a la vez sobre. Pues bien, el remitente toma la precaución de indicar en
el lomo del envío cómo desplegarlo: “Abra primero por los laterales. Luego
doble y rasgue por esta línea de puntos.”
Algunos autores
recomiendan enviar un mensaje para cada asunto. Ello asegura una atención
específica a cada cuestión. Esta precaución es similar a la de quien presenta
una instancia ante la Administración; es preferible que escriba una instancia
para cada asunto, para que cada uno siga su curso. Puede enviarse un mensaje
electrónico multitemático si se toma la precaución de anotar en el campo de
“tema” o asunto sus contenidos. También se puede usar los recursos de la
numeración de los asuntos en el cuerpo del mensaje y otra forma gráfica de
indicar sus partes.
La tarjeta personal es un texto prefijado por el usuario que se inserta de modo automático al final o principio del mensaje. Opera como firma del remitente, y en ella suele figurar su nombre y apellidos, cargo, dirección postal y web, número de teléfono, etc. La inclusión de la tarjeta personal, en la modalidad que se escoja para cada comunicación, aporta una información útil y cumple con el mandato de la cortesía de no dar por supuesto que el destinatario conoce al remitente.
Para la buena presentación de mensaje, es conveniente separar los párrafos con una línea en blanco. Ello retribuye a los comunicantes cuando se reenvía un mensaje o se copia o pega su contenido en otro mensaje; la cadena original de distribución en líneas se ha perdido y aparecen saltos de línea desconcertantes; una separación superior permite distinguir los párrafos.
La recomendación de
no escribir en letras mayúsculas es pertinente por un doble motivo. Uno es que
las mayúsculas denotan un volumen de voz alto o un tono airado, que convine
evitar. El segundo y no menos importante es que la observación de las normas
ortográficas sobre el uso de mayúsculas y minúsculas brinda una lectura amena y
significativa.
La revisión de lo
escrito asegura la precisión de la información, consigue pulcritud en el
conjunto y da una sensación de atención y respeto por el destinatario. Además
de la revisión personal del documento, el redactor dispone en el programa
informático de un corrector ortográfico y de estilo. Su uso es norma
obligatoria en el buen corresponsal.
La edición no es
solo formal, ya que incluye también el aspecto cuantitativo de la carga de
bytes o medida del mensaje. El remitente puede tener la atención de enviar
mensajes proporcionados al objeto de la comunicación, el interés del receptor y
la posible capacidad del buzón de éste. Por ejemplo, hay una gran salto entre
enviar una archivo de imagen comprimido en jpg, que pude ocupar menos de 100
Kb, y otro archivo no comprimido o una secuencia de imágenes en mpeg, que pude
superar con facilidad el Mb de memoria. La capacidad de los buzones varía según
el tipo de servicio y el mantenimiento que hace el usuario. Un buzón de 75Mb
(setenta y cinco megabytes) ofrece un buen servicio de correo es corriente
(salvando la caducidad de estas cifras por las mejoras técnicas), pero no todos
los corresponsales disponen de un buzón de esta capacidad.
Es llamativo el
número de mensajes que se puede recibir. Influye la actividad epistolar del
titular del buzón, su inscripción a grupos de noticias y, finalmente, la
molesta publicidad no deseada. Dejando a un lado el spam y las
circulares y noticias, porque no tienen una función interpersonal, queda un
volumen de correspondencia ante la que uno se puede preguntar si ha de enviar
una respuesta. Responder a todos esos mensajes, aunque sea para agradecer el
envío o notificar la recepción, debería ser el comportamiento corriente. Quien
suscribe este artículo tiene la impresión, no obstante, que se trata de un
comportamiento extraordinario y, por ello, doblemente apreciable. A la mente
nos puede venir esa pregunta tan repetida de “¿has recibido mi mail?”, que
viene a ser un recurso para comprobar la recepción del mensaje y su lectura
efectiva porque no se ha recibido una respuesta. Por supuesto que cabe enviar
el mensaje con notificación automática de recepción, pero su uso habría de ser
limitado para no resultar impertinente.
Para responder a un
mensaje se puede incluir el texto recibido, según una opción automática del
programa. El corresponsal puede responder en un bloque o bien insertando sus
comentarios entre los párrafos del menaje recibido. Esta opción del “bocadillo”
textual está justificada cuando importa la literalidad de los términos y su
contraste con la réplica; de otro modo, resultaría farragoso y grosero. Con
todo, es necesario que tipográficamente estén diferenciadas las fuentes. La
opción de reproducir en bloque el texto recibido es una atención al remitente,
porque le permite consultar en una misma pantalla sus palabras en caso de duda.
Reproducir el texto original tiene el ligero inconveniente de alargar el
mensaje y también su peso, a la vez que da entender que se considera un recurso
conveniente para refrescar la memoria del corresponsal. Para un comunicado de
circunstancias, como un saludo o un comentario de poca importancia, no tiene
justificación duplicar el mensaje recibido.[6]
Para gestionar el conjunto de documentos del correo, es recomendable borrar los mensajes recibidos que tienen un contenido o intención dudosos, como los de correo comercial o los que puedan ser maliciosos. También es provechoso borrar los mensajes recibidos o enviados que tienen un contenido intrascendente. La tarea de supresión se completa con su eliminación de la papelera o archivo “trash”. Algunos programas de correo tienen la opción de eliminar mecánicamente los documentos de ciertas carpetas que tienen más de un mes.
Un archivo es un
conjunto organizado de datos o registros almacenados como una unidad. Para
mantenerlo en condiciones conviene atender a la capacidad física del programa y
a la relevancia de sus contenidos. La selección de los documentos que se
guardan facilita su recuperación y consulta. Puede volcarse el contenido de los
mensajes en un documento de texto, que puede consultarse mediante cualquier
procesador de texto o bloc de notas. Con ello se aligera el programa de correo.
Como se ha indicado, la elección del título del mensaje –tema o asunto– es útil
para su búsqueda temática, así como la identificación del remitente y destinatario.
La libreta de
direcciones es un recurso fundamental para el correo. La inserción en el
mensaje de la dirección del destinatario resulta cómoda y asegura que está bien
escrita, lo cual es imprescindible para que llegue a su destino. La libreta
puede recoger otras informaciones, como números de teléfono, direcciones
postales y otras anotaciones de interés. El buen mantenimiento de la libreta
resuelve muchas consultas.
Mediante la lista de
distribución se puede confeccionar una tarjeta colectiva, que permite enviar
mensajes con una sola orden a todos los corresponsales inscritos. Cada
corresponsal ha de figurar previamente en una tarjeta individual. Luego se crea
las listas de distribución, según su función comunicativa, sea entre colegas,
amigos o miembros de una asociación.
Las direcciones de
correo no aceptan signos diacríticos, como el acento, la diéresis o el punto
elevado de las letras geminadas. El patrón sajón, que no precisa de estas
marcas, ni otras como la letra eñe, ha impuesto un estándar perjudicial para
muchas lenguas. Este inconveniente se contagia a otras aplicaciones
informáticas, como sucede con la libreta de direcciones de algunos programas en
que no se acepta los signos diacríticos. Si la dirección es intocable, no
sucede así con las informaciones sobre el destinatario, que puede incluir
términos acentuados. No es lo mismo escribir en las notas de identificación
“Asunción García” que “Asuncion Garcia”. Y es una lástima tener que prescindir
de unos rasgos gráficos que en algunos casos pueden ser no sólo informativos
sino distintivos.
La situación se
complica si se ha trabajado con un programa que acepta esos signos y luego hay
que copiar (exportar, según la jerga) la libreta en un programa rígido. Ello
conlleva que los signos incompatibles son traducidos a su manera por el
programa, de modo que una vocal acentuada se convierte en otra o en una nueva
sílaba. El efecto negativo es doble, por la fealdad de los términos y la
confusión que produce:
Ãngel Truño es la conversión dadaísta de Ángel Truño. La a acentuada (á) aparece como à y la eñe (ñ) como ñ.
Àngel Labraña
corresponde a Ángel, en catalán (acento abierto en la a: À) Labraña.
Jesús Tusón ha de
leerse como Jesús Tusón y Luis Cortés como Luis Cortés.
Diéguez,
Fernández, Gómez, González y MartÃnez corresponden a Diéguez, Gómez,
González y Martínez.
Con estas
equivalencias gráficas y cierta experiencia en conversiones tortuosas, el
lector puede interpretar el significado de los siguientes términos enmascarados
por gentileza de programas sin la calidad necesaria:
El Periódico,
editorial Edebé, Última Espina punto com, ValentÃn.[7]
En la comunicación institucional se usa un protocolo que orienta y
pauta las actuaciones de sus representantes y las condiciones del entorno. El
protocolo es un conjunto de normas para la celebración de las de las ceremonias
y actos institucionales. Por extensión, el protocolo es un conjunto de normas
de cortesía. El buen corresponsal del correo electrónico no tiene que seguir un
protocolo ni atenerse a unas normas específicas, pero si puede realizar
habitualmente unas operaciones que facilitan una comunicación eficaz con sus
interlocutores.
Al abrir el correo y entrar en el archivo del nuevo correo recibido,
es recomendable revisar el índice de su contenido. Ello permite ver si hay
correo urgente, para así establecer un orden de lectura, y también para
desestimar los mensajes sin interés. Se puede atender a varios criterios de
examen:
a) Identidad
del remitente. Un corresponsal desconocido o con una identificación incompleta
y ambigua es una razón para postergar la lectura del mensaje o para eliminarlo.
b) Tema.
La congruencia del tema es un motivo de interés y un indicio de que tiene un
contenido personal. Un enunciado del asunto en un idioma inusual (especialmente
en inglés) y con un contenido extravagante (Japanese lass’ sexy pictures),
exagerado (radical change in science) o genérico (hello!) provoca
una actitud reacia a su lectura; puede tratarse de publicidad o de mensajes
maliciosos. Aquí actúa la madurez pragmática del destinatario para discriminar
los mensajes. Para los lingüistas, la redacción de una circular (spam o
virus) tiene unos rasgos estilísticos que difieren de la carta personal o
social. Hay también mensajes que se envían sin indicar su asunto; con ello el
remitente pierde la oportunidad de orientar sobre su propósito y crea
incertidumbre sobre el interés y la fiabilidad del mensaje.
c) Siglas
de reenvío en el tema. Los mensajes reenviados aparecen identificados en el
campo del tema con las siglas Fwd y RV, entre otras especificaciones. Un
mensaje de este tipo suele tener menos interés que los originales y por ello es
susceptible de ser desestimado directamente.
d) Volumen
de memoria. El volumen de memoria que ocupa el mensaje, que puede oscilar entre
un Kb o varios centenares, puede ser una referencia a la hora de abrir o
desestimar el mensaje. Un mensaje espontáneo que tenga un considerable peso
tiene bastantes posibilidades de acabar sin más en la papelera. Para ciertos
envíos, como documentos extensos o fotografías no comprimidas, es conveniente
solicitar permiso al remitente antes de transmitirlo.
Leer y responder a los mensajes inmediatamente es una tarea que exige
concentración y esfuerzo. Es innegable que algunos asuntos piden un tiempo de
reflexión o de búsqueda de datos, y su respuesta necesita demorarse. Sin embargo,
responder a los mensajes recibidos con celeridad es una muestra de cortesía y
de diligencia. En muchos casos, basta un saludo y un agradecimiento. Con ello
se informa de un modo cordial que se ha recibido y leído el mensaje.
Si en el mensaje se incluye un informe o un trabajo, la tarea de la
lectura no permite una respuesta rápida. Sin embargo, es conveniente enviar al
instante una nota que exprese el interés por su contenido y la promesa de su
lectura, o lo que corresponda a nuestro estado de ánimo y deseo. Puede suceder
que en vez de responder sin dilación, el corresponsal desee leer el trabajo
para así ser más preciso y cabal en su comentario; pero si se retrasa por un
motivo u otro, cada semana que pasa convierte la respuesta en más difícil; mientras,
la espera para el remitente es un motivo de decepción.
Como sucede con el correo postal, el hecho de tener en la pantalla o
en la mano la carta del corresponsal, no nos autoriza a divulgarla ni a usarla
como propia. Su contenido pertenece exclusivamente al redactor. Por lo tanto es
inapropiado reenviar un mensaje personal a otro destinatario, salvo que se
tenga permiso para ello. Puede considerarse de mal gusto el reenvío de un
mensaje porque se infringe un deber de confidencialidad.
Ello no ha de entenderse como un compromiso de secreto sino de
discreción. Se puede parafrasear partes del mensaje o resumir su contenido, si
su intención no es confidencial. En relación con este principio está aquel
otro, simétrico y complementario, de todo corresponsal de escribir mensajes con
prudencia, veracidad y benevolencia, tal como recomienda la retórica
aristotélica. Dicho de otro modo: lo que se escribe permanece y es preferible
no poner a prueba la discreción del destinatario del mensaje con contenidos
indelicados o propósitos esquinados.
4 Relevancia en la comunicación
Comunicarse implica tener el don de la oportunidad y de la adecuación
de los temas. El juicio que podemos hacer sobre la cantidad y la pertinencia de
los mensajes electrónicos varía con el tiempo; la aculturación de la red
establece cambios de sensibilidad y percepción cultural en muy pocos meses.
Además, la relevancia de la comunicación está sujeta a la relación que tienen
los interlocutores.
Sin embargo, un género de mensajes muy concreto indica ciertos cambios
sociales. Se trata de los mensajes en cadena. Cuantitativamente son
superlativos, pues actúan en cascada, con una propagación exponencial si tienen
éxito. La euforia de la red ha estimulado este tipo de producción entre los
corresponsales, con motivos altruistas y una conciencia de activismo elogiable.
Se trata de mensajes de peticiones cívicas o políticas, para solicitar apoyo
para una causa o unas personas. No obstante, algunos de estos mensajes pueden
ser falsos, en el sentido de que se trata de leyendas urbanas o relatos
populares que pasan por verídicos (sucesos escalofriantes, sorteos o, más
increíble todavía, premios que da Microsoft). Otro contenidos tópicos de las
cadenas son los textos literarios, filosofías exóticas, fotografías
pornográficas o chistes.
La admiración o la simpatía que despierta algunos mensajes de esta
clase induce al internauta a usar su libreta de direcciones. Y ahí va de nuevo
la cadena, impelida a otro peldaño. Es una tarea delicada discernir si una
cadena es relevante. Cuesta distinguir si su contenido es falso o banal. Y
resulta algo imprudente reenviar el mensaje a decenas de conocidos, sin
calibrar su interés por el tema. Ante la duda cabe fijarse en la fuente
original y en su credibilidad. Y, ante la duda de si la comunicación es
relevante para nuestros posibles corresponsales, es preferible desentenderse de
la cadena y no fomentar este particular tipo de spam.
4 Discreción sobre la identidad de los destinatarios
La lista de distribución permite enviar un mensaje a la vez a muchos
destinatarios. En ocasiones es conveniente que los destinatarios vean la lista
completa de los que reciben la circular. Se trata de una comunicación abierta.
Otras veces, la comodidad de la lista de distribución es incompatible con la
publicidad de los nombres y direcciones de los destinatarios. En esos casos es
procedente ocultar esa información.
Hay tres categorías de destinatarios: los primarios, los secundarios o
con copia y los ocultos o no declarado.
Primario.- A:
xxx@yyy.zz
Secundarios o con
copia de carbón.- CC: xxx@yyy.zz
No declarado o con
copia de carbón oculta.- BCC: xxx@yyy.zz
A la recepción del mensaje, el destinatario sólo ve reflejados los
destinatarios de las dos primeras categorías. Es necesario consignar algún
destinatario primario para poder efectuar la transmisión. Para preservar la
confidencialidad de los destinatarios de una lista de distribución, el
remitente puede convertirse en el destinatario primario, mientras que los demás
pueden corresponder a los ocultos.
5 Cláusula de baja en la lista de distribución
La comunicación personal implica una relación de proximidad entre los interlocutores. Sus mensajes son singulares y el mantenimiento de la relación depende de la satisfacción que les depare. En las cadenas o en el envío de circulares, la relación es social y su contenido es estereotipado. En la circular se puede enviar una noticia, un comunicado de prensa, una convocatoria o un documento. A pesar del interés que atribuya el remitente a su mensaje, no es obvio que los destinatarios compartan esa misma apreciación. Por ello es apropiado añadir una nota en la que se indica el modo de darse de baja en la lista de distribución.
Mediante ese texto se muestra la cortesía de dar la opción de
continuar recibiendo los comunicados y así no se es impositivo. Pero, además,
la ley establece actuar de este modo, para respetar el derecho de la persona a
no recibir cierta información. Proyectando esta obligación legal a un horizonte
ideal, sería procedente actuar de un modo más respetuoso: anunciando al usuario
la intención de incluir su dirección en una lista y solicitando previamente su
consentimiento tácito o expreso.
Sobre el tenor y
el tratamiento personal que se establece entre los interlocutores, se escoge
entre el usted o tú según la relación de los comunicantes y el objeto del
mensaje. El trato de usted participa de un tenor de distancia y cortesía,
mientras que el tuteo participa del de proximidad y cordialidad. De manera
congruente con esos tratamientos se usan unas formas expresivas y unos modos de
pedir o indicar. La unidad de estilo y la adecuación a la situación son dos
requisitos de la comunicación que también se aplican a los géneros de Internet.
Sin embargo, por la influencia de modas –con la publicidad como
adelantada del estilismo– y del afán de proximidad, es frecuente observar
discursos que transgreden las pautas de la formalidad y de la unidad. La
heterogeneidad y el mestizaje de géneros son características de una
comunicación como la de Internet que comparte los códigos de la lengua escrita
y la intención de la lengua oral. A modo de ejemplo, podemos citar la página de
la Caja de Ahorros del Mediterráneo o CAM (www.cam.es), en la
que apreciamos la heterogeneidad del tratamiento en los siguientes enunciados: [8]
de usted: “CAM DIRECTO: Para operar haga Clic
AQUÍ”
de tú: “@
Contacta”
impersonal: “Aviso
legal”
En la página principal aparecen estos tres mensajes, con tres
elecciones de tratamiento. El de usted para los clientes que deseen realizar
una operación bancaria. De tú para la opción de correo electrónico; una forma
de optar por un tratamiento cercano pero algo ambiguo podría ser desplazando la
arroba al final del verbo, en substitución de la a de “contacta” o de la
e de “contacte”: “contact@”. La forma impersonal de “aviso legal” se
consigue mediante la expresión nominal y la ausencia de verbos.
La disparidad del tratamiento en una misma pantalla se explica por la
naturaleza fragmentaria e independiente de los enunciados de la página. Cada
cual funciona como un discurso elemental, escueto, con su significado y con su
intención relacional. En efecto, esta composición textual dispuesta estilísticamente
en forma de mosaico permite combinar estrategias de distanciamiento y de
aproximación. Del tú al usted, pasando por la indefinición impersonal. Por otra
parte, hay una variedad estilística que está reforzada por elementos
tipográficos. La tipografía de la página destaca por la fantasía propia de los
anuncios publicitarios. Como se puede observar en los enunciados, se usa
libremente los tipos de letras (redonda y negrita) o se alterna minúsculas y
mayúsculas con una intención paralingüística o de énfasis. En esos mismos
mensajes también se disponen recursos otros visuales, como fondos de color y
objetos de diseño gráfico.
En resumen, la elección del trato ha de ser apropiada a la relación y al objeto del mensaje. La sensación de inmediatez, afín a la oralidad, puede inclinar la elección por el tuteo. Sin embargo, el uso de fórmulas apropiadas a la situación es más importante que la forma de tratamiento.
7 Frecuencia de las sesiones de
correo
El uso del correo
depende de muchos factores: facilidad de acceso técnico, regularidad de hábitos
del usuario, volumen de la producción y recepción de mensajes, finalidad de la
comunicación, sea ésta de relación social o bien instrumental y profesional.
Sean cuales sean estas circunstancias, el correo llega al servidor de destino
de un modo rapidísimo. El remitente tiene conciencia de que la transmisión es
instantánea y por ese motivo su satisfacción es grande. No en vano experimenta
que se está haciendo realidad la utopía de la comunicación: donde quiera que
esté su corresponsal, recibirá al momento su mensaje.
El internauta que
desea cumplir cabalmente esa posibilidad de comunicación abre con frecuencia su
correo. Luego, el tiempo que le ocupa una sesión está relacionado con el
volumen del flujo de mensajes y con la pulcritud de su comportamiento como
corresponsal. ¿Qué se considera apropiado como frecuencia de uso del correo?
Nos referimos a un uso del correo que satisfaga las necesidades del usuario y
las expectativas de los corresponsales. En ciertas cuentas de correo gratuitas,
las normas del servidor establecen que varias semanas de inactividad comportan
la anulación del buzón. Con ello tenemos un límite inapelable. En el mismo tipo
de cuentas, la saturación de la memoria del buzón acarrea la pérdida de los
mensajes que exceden de la capacidad. Ahí hay otra razón para ser diligente en
el examen y vaciado del buzón cada cierto tiempo. Hay que considerar, además,
que una deficiente configuración de los filtros del correo comercial puede
causar la saturación inmediata del buzón con aborrecible propaganda.
Los hábitos e
intereses del usuario son muy variables y para conocerlos es preciso realizar
encuestas. Esos datos han de permitir dibujar el perfil lector del internauta,
tan interesante como es ello para un análisis cualitativo de la recepción. Sin
embargo, en el comportamiento temporal podemos distinguir sus dos extremos, el
de la infrautilización y el de la consulta intensa. La infrautilización supone
un contacto y uso esporádicos, con una frecuencia muy baja; esta referencia es
ambigua, pero cercana a ese comportamiento que pude provocar la anulación del
buzón o su colapso por saturación. La consulta intensa podría consistir en
múltiples sesiones diarias o incluso, como sucede con la telefonía, con la conexión
sin interrupción durante todo el día.
El hecho material de
la abertura del canal y de su frecuencia de uso puede parecer menor desde el
punto de vista de las buenas maneras, pero afecta a la recepción de los
mensajes y al despacho de respuestas. En el caso del contacto defectuoso, como
hemos indicado, ello puede comportar la imposibilidad de conocer el mensaje o
bien la consulta de mensajes caducados. Por el otro extremo, la necesidad o el
deseo de leer al instante los mensajes permite apurar el sistema electrónico y
satisfacer plenamente las expectativas del remitente. Pero ello puede
desembocar en un comportamiento compulsivo y en una dependencia del medio.
Estamos habituados a
ver esa compulsión con el uso del teléfono móvil en público, que se traduce en
comportamientos impertinentes a menudo. Por el momento, el comportamiento del
internauta no es visible socialmente y sólo a él afectan su descuido o su
dependencia. Como frecuencia de uso, parece razonable consultar el correo una
vez al día, si se tiene conexión en casa o en la oficina, o un par de veces a
la semana, si se hace desde un cibercafé u otro establecimiento. Pero lo
razonable no tiene por qué coincidir con las expectativas de los
corresponsales.
8 Presiones del entorno
Hay personas que
consideran apropiado no tener conexión en el hogar y están satisfechas con
abrir el correo dos veces por semana. Es una decisión respetable y su uso les
puede resultar suficiente. Aplican al correo electrónico un criterio similar al
del correo postal, pues consideran normal unos días de separación entre el
envío y la recepción de la misiva; obsérvese que no hablamos de abrir el buzón
postal cada varios días sino del lapso entre envío y recepción. Pero se han de
encontrar y colisionar con otro patrón, particularmente aplicado por los que
cada día consultan el correo; éstos asimilan el e-mail a la comunicación
telefónica y, en particular, al buzón de voz del móvil o el contestador
automático del teléfono fijo.
La percepción del
tiempo y de las tareas prioritarias difieren según el patrón comunicativo de
tipo “postal” y el “telefónico”. Las expectativas del corresponsal telefónico o
de la inmediatez sitúan su marco de lectura y el de sus correspondientes en el
propio día; “hoy para hoy” puede ser su lema más moderado. Los cambios técnicos
y las modas son capaces de dar un vuelco a este panorama, tan esquemáticamente
apuntado con esas dos mentalidades, y sintetizarlo finalmente en un solo
patrón, de un modo que no podemos aún prever. El internauta está sometido a las
peticiones y presiones de los demás: “¿Has leído mi correo”, le apremian cuando
sólo hace horas que lo ha enviado. “¿Cómo no tienes Internet en casa?”,
pregunta el del patrón telefónico al del patrón postal, con una indisimulada
crítica de su atraso tecnológico.
A estas fuentes de
presión interpersonal se suma otra causa de conflicto. Es la de organización de
la agenda. Los mensajes de saludo o los informativos forman un grupo de
mensajes poco exigentes. Se leen y si se quiere se contestan, pero no piden
más. En cambio, los mensajes de invitaciones, convocatorias o solicitudes
plantean un tipo de respuesta material y de actividad. La cuestión está en
discernir cuál es su urgencia y con qué antelación es conveniente enviar el
documento para obtener una respuesta apropiada. Salvando las situaciones de
emergencia, lo propio es que estas necesidades de convocar a una reunión o
pedir algo se hagan con suficiente antelación. No está justificado aprovechar
la inmediatez del correo para solventar la imprevisión del quien convoca. Por
otra parte, la agenda inmediata de los corresponsales puede estar ya fijada,
con lo cual se les pone en un compromiso y también se corre el riesgo de dar al
traste con la reunión o la gestión solicitada. El uso desconsiderado del correo
puede alentar ese tipo de peticiones que, exageradamente, se recogen en la
frase “lo quiero para ayer”.
9 Cuestiones legales
El administrador de
correo suele establecer y publicar una normativa de uso. Es importante conocer
esas normas puesto que su incumplimiento no sólo puede acarrear la suspensión o
supresión de la cuenta, sino también incurrir en faltas o infracciones punibles
judicialmente. Esas normas pueden referirse a diversos aspectos.
a)
Administración
de los códigos de acceso
·
Responsabilidad
personal.– El código es personal e intransferible y su usuario es responsable
por acción u omisión, esto es, por hacer o permitir hacer acciones lesivas o
fraudulentas.
·
Confidencialidad.–
Es obligación del usuario conservar en secreto su contraseña y cambiarla cuando
por razones de confidencialidad sea necesario.
·
Vigencia.–
Se estipula un período de vigencia y en su caso la prórroga automática.
·
Función.–
Se indica si el uso de la cuenta está relacionado con el correo profesional, el
individual o con ambos.
b)
Veracidad
formal
·
Identidad
personal.– El usuario se compromete a no fingir otra personalidad o afiliación
a una entidad, así como falsificar firmas.
·
Identidad
temática.– El usuario se compromete a no manipular las cabeceras de los
mensajes, por ejemplo en los reenvíos.
c)
Buen fin de las comunicaciones
·
Respeto
a terceros.– No se puede enviar informaciones lesivas para otros usuarios, ni
para con el buen nombre de éstos, de la empresa (si la cuenta es profesional) o
de instituciones.
·
Contenidos
reprobables.– El usuario se obliga a no transmitir contenidos “ilegales,
lesivos, molestos, amenazadores, abusivos, tortuosos, difamatorios, vulgares,
obscenos, invasores de la intimidad de terceros, xenófobos, racistas,
perjudiciales para alguien, especialmente para menores, o que sean de alguna
forma inaceptables”.[9]
·
Contenidos
no solicitados.– Es corriente la prohibición expresa de enviar publicidad no
solicitada, material publicitario encubierto y cartas en cadena, todo lo cual se
engloba bajo el término de “correo basura”.
·
Mensajes
maliciosos.– El usuario se compromete a no transmitir virus ni programas que
interrumpen, limitan o destruyen el funcionamiento de otros equipos
informáticos.
d)
Responsabilidades
y acciones del administrador
·
Aceptación
de las normas.– El hecho de usar el código de cuenta suele implicar por parte
del usuario la aceptación de la normativa del administrador.
·
Usuario
y legislación.– El usuario es responsable del contenido de sus comunicaciones y
debe atenerse a la legislación sobre información y publicación.
·
Filtros
de flujo.– El administrador puede retener correos en caso de exceso de volumen,
posiblemente por difusión de spam o contenidos no solicitados.
·
Acciones
mayores del administrador.– Ante lo que se considere un uso abusivo o
fraudulento del código de cuenta, el suministrador del servicio puede tomar las
medidas necesarias par evitar el uso incorrecto de sus códigos.
Estas normas
expresan en un estilo técnico lo que puede aconsejar al internauta el sentido
común. La diferencia entre sentido común y legalismos es que éstos pueden ser
ambiguos o de una interpretación muy abierta. Es el caso de la última norma
anotada, que indica que el administrador “puede tomar las medidas necesarias
para evitar el uso incorrecto de sus códigos” con el fin de atajar abusos.
Pero, ¿qué medidas?, ¿durante cuanto tiempo?, ¿cómo se notifican al usuario? y
¿qué recursos hay para que éste haga alegaciones?
Por otra parte, las
normas recuerdan a menudo los contratos de adhesión, por la concentración de
sus artículos en las obligaciones del usuario, sin que se estipule cuáles son
las del administrador. ¿Qué sucede en el caso de avería o de suspensión del
servicio y cómo se compensa al usuario? Véase el carácter impositivo y opaco de
una norma que es común en este tipo de contratos y que no hemos incluido en la
relación precedente porque consideramos que ha de tener un tratamiento aparte.
Dice así: “Por el mero hecho de usar el código, el usuario acepta la asignación
de recursos inicial y el plan de explotación de la máquina donde quede asignado
este código”.[10] El usuario
no puede discutir los recursos que se le asignan en el servidor, como por
ejemplo el espacio de memoria en el buzón, el protocolo usado (que condiciona
el modo de uso) o la calidad de los programas que filtran el correo que
contiene virus y spamming o distribuciones masivas.
En este mismo
sentido, llama la atención que el administrador imponga la aceptación de las
normas actuales y de las futuras, como reza en el siguiente enunciado: “Por el
mero hecho de usar el código, el usuario acepta esta normativa y la que el
administrador imponga en cada caso”. Las cursivas son nuestras.
Nos hemos referido
más arriba (6.3) al deber de confidencialidad entre los interlocutores. Este
principio también es aplicable a la empresa que provee de una cuneta de correo
a sus empleados. En diversas sentencias de tribunales españoles se ha anulado
el despido disciplinario del trabajador por un uso para fines particulares del
correo. La base jurídica de las sentencias se basa en la ilegalidad de la
obtención de pruebas y la inviolabilidad del correo. En el trasfondo de esta
jurisprudencia hay un hecho inquietante, que es la facilidad técnica para
fisgar en el correo de los empleados. Vicente Verdú se refiere a ello en su
ensayo El estilo del mundo:
Cualquier empresa puede adquirir por unos 120 euros un software del
tipo Spector, Asentor, Investigator o eBlaster, válidos para rastrear las
conversaciones y los correos electrónicos de los empleados. ¿Injurias a los
jefes? ¿Sediciones? ¿Deslealtades? No importa qué comunicación puede ser
registrada y localizable. En 1997 una investigación de la American Management
Association sobre 900 grandes compañías concluyó que hasta dos tercios de ellas
espiaban electrónicamente a sus trabajadores. (Anagrama, 2003, p. 166)
Si a la facilidad
técnica se añade la afición al espionaje patronal que señala Verdú, parece
recomendable que el usuario observe una actuación escrupulosa con las normas
legales y, al mismo tiempo, que los organismos oficiales de protección de datos
exijan un comportamiento idéntico a las empresas.
10 Hechos inexplicables
En 1992 un profesor
universitario de Canadá comentaba a unos colegas hispanos que él solía dedicar
un par de horas al día para despachar el correo electrónico. En ese momento les
pareció algo sorprendente e inexplicable, a pesar de su buena voluntad en
mostrar cómo funciona y cuál era su utilidad. Dos horas diarias en conexión
telemática era un tiempo desorbitado, entre otras razones porque esos
compañeros no tenían cuenta de correo ni lo habían utilizado nunca. Unos años
después han comprobado por propia experiencia que esa dedicación es la normal
entre nosotros.
La publicidad que se
hace de las direcciones de correo facilita el acceso a nuestros buzones de
personas que, de otro modo, habrían desistido de entrar en contacto. Esta
facilidad es un gran aliado de las empresas de publicidad y ventas, para
fastidio de los usuarios particulares. El deseo de publicitar la dirección de
correo, que era grande hace unos años, está disminuyendo de modo notable hasta
el punto de soñar con la vuelta a la confidencialidad de la dirección y a la
selección rigurosa de las entradas de correo.
La fiabilidad de la
red es alta, en lo que se refiere a la entrega a su destinatario de los envíos
electrónicos. Sin embargo, la pérdida de mensajes es un hecho real, aunque sea
de modo ocasional. Un problema en el servidor de nuestra cuenta, una caída de
un nodo de conexión, una parada técnica en algún mecanismo de interconexión, un
virus en nuestro ordenador... son algunas de las explicaciones que se dan a
estos infortunios. De algunos el destinatario sólo tiene constancia por azar o
por la insistencia del remitente.
En honor a la
verdad, a veces resulta difícil distinguir entre la realidad de los extravíos
de mensajes y las excusas del corresponsal descuidado y olvidadizo. ¿Conocen el
caso del marido que se disculpó dos veces? Este caso es un hecho verídico que,
si bien resulta excepcional y prácticamente irrepetible, habla de las rarezas
que se pueden dar en la red. En concreto, ilustra de un modo casi literario los
caprichos del cartero electrónico. Cito el caso que nos explicó un estimado
colega, sabedor de nuestro trabajo sobre la red. Por un motivo banal riñó él
con su mujer hace un tiempo. Ya en el trabajo recapacitó y envió un mensaje de
disculpa a la esposa. A la vuelta a casa esa noche no hicieron comentarios,
pero el disgusto se les había pasado. Dos meses después volvieron a tener otra
discusión, con su consiguiente enfado. A todo esto, el colega me ha asegurado
que no es que estén discutiendo cada dos por tres, pues son una pareja bien
avenida. Quizá esa desavenencia era necesaria para el desenlace surrealista que
tiene la historia. En esta ocasión no vio la necesidad de enviar un mensaje
electrónico de disculpa por la riña. Pero esa tarde, al llegar a casa, la mujer
le dio las gracias por el cariñoso e-mail que había recibido de él. El marido
se sorprendió muchísimo. Y, en vez de aprovechar la bendita casualidad para
firmar la paz conyugal, prefirió sacar a la mujer del error y averiguar qué
había pasado. Por increíble que parezca, había sucedido que la esposa recibió
ese día el mensaje que le había enviado hacía dos meses. Durante ese tiempo la
carta de amor se había quedado atrapada en algún estante del mundo virtual pero
luego, por un impulso desconocido, se liberó y llegó justo a tiempo para una
segunda oportunidad. ¿Alguien que no sea novelista tiene una explicación para
un caso así?
Por discreción no preguntamos a nuestro estimable confidente si él o
su mujer guardan ese mensaje de reconciliación. Quizá pierda valor sin el don
de la oportunidad y escrito en letra de imprenta. Probablemente su estilo no
sea comparable al de una carta, escrita a mano y con unas explicaciones
cuidadas sobre las circunstancias del autor y sus sentimientos. El correo
electrónico ha desbancado a la carta y sus modelos estereotipados. Pero, ¿qué
estilo tiene el e-mail? Miquel Siguan, profesor emérito de la Universidad de
Barcelona, psicólogo y escritor de honda cultura, ofrece una respuesta.[11]
El mensaje
electrónico está substituyendo a la carta. Y con notable ventaja además, porque
llega mucho más rápido y porque la respuesta puede ser inmediata. [...] La
carta, que en principio estaba escrita siempre a mano, tenía unos modelos
propios, lo que se llamaba el estilo epistolar. Incluso la gente menos
acostumbrada a escribir seguía unos estereotipos tradicionales de cómo se
organiza una carta, y los que iban a la escuela se familiarizaban con
diferentes tipos de cartas. [...]
Esto no ocurre con
los correos electrónicos. Pero las diferencias no son sólo formales. Los
correos electrónicos no tienen ninguna voluntad de estilo porque sustituyen a
la conversación telefónica, o sea que tienen por modelo el lenguaje oral, menos
preocupado por la corrección que el escrito. Si llamamos a alguien y comunica o
no está, el correo electrónico se convierte en un sustituto de la conversación
que queríamos mantener. El mensaje es esencialmente pragmático, se refiere a un
solo hecho concreto y suele pedir acción inmediata.
La carta, en
principio, tenía contenidos más amplios, informaba sobre la situación del
escritor y de su entorno, exponía intenciones y sentimientos, era en definitiva
más personal. [...] Las cartas guardadas no había ni que releerlas; sólo la
caligrafía, tan diferente en cada caso, era suficiente para evocar a la persona
que la escribió y con la evocación revivir un tiempo pasado. Pero me resulta
difícil imaginar a alguien coleccionando hoy mensajes electrónicos. [...]
Y así, el mensaje
electrónico, rapidísimo y efímero, se nos convierte en el símbolo apropiado de
nuestro tiempo, instalado en el puro presente, cada vez con raíces más escasas
en el pasado, cada vez con menos voluntad de perdurar en el futuro.
Miquel Siguan
El escrito periodístico de Siguan, con elegante tono de ensayo,
acierta al presentar las diferencias de estilo entre la carta postal y el mensaje
electrónico. Una de los efectos nefandos es el descarte de los mensajes
electrónicos y su efímera existencia. A este respecto, nos habría gustado
indagar sobre la conservación del mensaje de reconciliación de los esposos y,
de haber una copia, examinar el estilo en que está redactado. Pero es posible
que no se conserve tal copia, en parte porque la voluntad de estilo estaba
fuera de lugar y, también, porque quizá no represente un momento memorable.
La aproximación del ensayista arroja un balance de puntos aceptados.
El correo electrónico busca la inmediatez y carece de la premeditación
epistolar de antaño. Pero también plantea no pocas dudas. ¿Primero se telefonea
y si hay respuesta se recurre al mail? ¿No hay mensajes electrónicos
planificados, elaborados y enviados con toda la intención de crear estilo
epistolar? ¿Escribir un e-mail supone siempre improvisar o bien se ha redactado
el mensaje con tiempo y tiento en un procesador de texto y luego se ha volcado
su contenido al programa de comunicación? ¿No se guarda en archivos
electrónicos los documentos del procesador de texto, primorosamente recopilados
por años y tan localizables mediante un buscador? Los cambios sociales son
notables, pero en ciertas cosas no lo son tanto como pueda parecer.
Veamos la cuestión del estilo. No parece exacto afirmar que las cartas
postales tienen un estilo y los mensajes electrónicos no, pues ello depende no
tanto del soporte como de la idea elitista del género. Una nota es una nota, no
importa cómo se transmita, y poco estilo tendrá, si entendemos por estilo el
empleo de un registro literario o ensayístico. No han de faltar ejemplos y
contraejemplos sobre la inexacta asociación entre soporte o medio y estilo. Y
por fuerza ha de tomarse esta muestra que copiamos a continuación como una
anécdota, pues su elección ha sido al azar y con ella nada se prueba, pero
permite atisbar la relatividad de ciertos fenómenos. Se trata de una carta al
director en un diario de referencia. Ésta habría de respetar las normas de la
escritura postal, pero no es así:
Recibo y facturas
Soy usuaria de Enher
(Endesa) y Gas Natural. Mi reclamación sobre las facturas se debe a que antes
llega el cargo del banco y pasados unos días la factura. Tras repetidas
llamadas y escritos a dichas compañías, Enher me ha comunicado que los
responsables son los carteros.
Montserrat Aubeso Torrentó
(Barcelona), La Vanguardia (11-07-2000, p. 31).
En la carta –reproducida íntegramente– no hay o no aparece las
expresiones de cortesía del encabezamiento y de la despedida. He aquí en la
supresión de estos elementos una convención de la prensa comprensible y hasta
recomendable. Pero no deja de ser una muestra expresiva más cercana al modelo
del mail que de la carta. Por otra parte, y por ese imperativo de la
brevedad en tal sección, la autora entra en el asunto de un modo no ya directo
sino conclusivo, como si se hubiera desprendido del cuerpo central de su
mensaje. Ni tan siquiera se permite una valoración o coda de la respuesta de la
compañía eléctrica. ¿Dónde está la voluntad de estilo? Probablemente sí la hay,
sea de su mano o de la del redactor del diario, pues se ajusta al requisito de
concisión y brevedad de la sección.
Precisamente por esa idoneidad de estilo que tiene, la carta ha
resultado escogida y publicada. La carta al director que hemos leído, aun
siendo tan breve, tiene un tono firme y revela una trama narrativa bien
trazada. Y es cierto, como indica el profesor Siguan, que la sensación de
inmediatez, afín a la oralidad, y la confusión del trato y del razonamiento,
pueden poner en jaque no sólo el estilo sino la benevolencia del destinatario.
En el siguiente mensaje electrónico se observa cómo el mal uso de
fórmulas apropiadas a la situación es más importante aún que la forma de
tratamiento. En él se aprecia la indelicada elección del trato y la
manifestación excesivamente directa de ciertas peticiones. El autor es Alberto
Zeta, que no es el hermano de Alberta Zeta, sino un nombre conveniente para
designarle con delicadeza.
Fecha:
lunes, 10/marzo/2003 12:20
De:
Alberto Zeta
A:
profesor@universidad.edu
Asunto:
Trabajo de Pragmática
Buenas
tardes: soy Roberto Zeta, un alumno tuyo de pragmática que no se presentó al
examen. Si recuerdas, acordamos por teléfono hace aproximadamente un mes que te
haría llegar el primer trabajo de la asignatura, y que nos encontraríamos más
adelante cuando ya lo hubieses corregido. Pues bien, ya está acabado. El
miércoles próximo día 12 estaré en la capital y te dejaré en tu buzón el
trabajo. En cuanto lo tengas corregido, te agradeceré que me lo hagas saber
para venir de nuevo a la universidad y comentarlo juntos.
Muchas
gracias y hasta la próxima.
Alberto
Zeta
Laboratorio
PKR. Tel: 555 32 84 Fax: 555 32 85
La situación que
motiva este mensaje es la siguiente. El alumno no ha podido seguir las clases
de la asignatura porque vive lejos de la ciudad y además ha estado muy
atareado. La asignatura es semestral y a su término se realiza un examen. El
alumno no ha hecho el examen de febrero, en la primera convocatoria, y ha
solicitado realizar los trabajos de curso para así prepararse mejor y obtener
alguna calificación positiva.
En el mensaje
reproducido, el alumno ha optado por una estrategia de proximidad. Con ello
borra las referencias a los roles, el de profesor y de alumno, y hace hincapié
en el lo igualitario. Así lo reflejan las elecciones léxicas de las siguientes
expresiones:
·
Deliberación
y acuerdo: “acordamos... que te haría llegar el primer trabajo ”, (y que) “nos
encontraríamos más adelante”
·
Acción
conjunta: (vamos a) “comentarlo juntos”
·
Conocimiento
compartido: “si recuerdas, acordamos...”
El acuerdo sobre la entrega y el
encuentro posterior, así como la valoración conjunta del trabajo, son tres
indicios engañosos de la paridad de sus participantes, si nos atenemos al
texto. La apelación a un conocimiento conjunto, “si recuerdas”, es también un
recurso de proximidad porque remite cortésmente a un conocimiento compartido.
Sin embargo, en el mensaje
aparecen otros elementos que atenúan la proximidad porque indican:
· Petición implícita de corregir
el trabajo: “en cuanto lo tengas corregido”
·
Petición
explícita de avisarle: “te agradeceré que me lo hagas saber”
·
Petición
explícita de inmediatez entre las acciones anteriores: “en cuanto lo tengas
corregido, te agradeceré...”
Si en estas
peticiones se expresara una opción (pedir al profesor la notificación de que el
trabajo está corregido u ofrecerse el alumno a interesarse sobre la cuestión
más adelante), no tendrían un trasfondo de distancia tan claro. Y no sonarían a
una orden.
En conclusión, el
mensaje de Roberto Zeta resulta notoriamente irregular. Está impregnado de
recursos de la estrategia de proximidad, el más llamativo de los cuales es el
tuteo, aunque otros de tipo semántico son también efectivos. De este modo la
distancia social queda suprimida. Pero, a la vez, hay elementos contradictorios
que introducen recursos de distanciamiento mediante peticiones directas sin
opciones entre las que elegir. Si la estrategia de proximidad busca difuminar
la asimetría entre los interlocutores, parece aquí incompatible con dos
factores: el de la relación existente y el de las peticiones. La relación es de
alumno y profesor, con las diferencias de rol ordinarias y con la particular
situación del alumno que está fuera del período lectivo. Añadir a ello la
petición de cómo se ha desarrollar la relación supone avanzar por un terreno
nuevo, de dominio.
|
Recursos expresivos |
|
|
de
proximidad |
de
distancia |
|
[difuminado
de la distancia social] |
[manifestación
de roles y relación social] |
|
tuteo |
petición implícita |
|
referencia al
conocimiento compartido |
peticiones directas |
|
verbos de
deliberación y acuerdo |
ausencia de opciones |
Cuadro de los recursos expresivos de proximidad y de distancia del
mensaje de R. Zeta.
El mensaje de
Roberto Zeta no es un documento excepcional ni un ejemplo rebuscado. Expresa de
un modo llamativo ciertos rasgos de buena parte de la comunicación por correo
electrónico, que pueden resumirse en la heterogeneidad. Se combina aportaciones
de la oralidad y la escritura, las estrategias de proximidad y de distancia,
recursos expresivos de la lengua estándar y la lengua coloquial. El resultado
es un texto desigual que propicia una lectura contradictoria. La pregunta
general es si esta creación social de un subgénero denominado “ciberhabla” –por
la reunión de rasgos orales y escritos– responde a las necesidades
comunicativas de los interlocutores. La pregunta particular es saber si Roberto
tiene la fortuna de hallar en su interlocutor a alguien que participa del
registro que está utilizando. Si el profesor considera que el registro es
desproporcionado e intromisivo, la conclusión que podemos extraer es que Roberto
ha escogido un estilo que no es elocuente y que resulta muy poco persuasivo.
Al tratar de
Internet es grande la tentación de usar palabras altisonantes y de hacer
vaticinios sorprendentes. Algunos autores perciben con acierto un giro
inmediato en ciertas formas sociales. A propósito de la red electrónica, el
lingüista David Crystal considera fundado acreditar el nacimiento de una
tercera gran modalidad comunicativa. La lengua oral y la escrita son las dos
modalidades tradicionales. A éstas se ha sumado, según su opinión, la ciberhabla
o netspeak, esa tercera modalidad que define como “lenguaje escrito que
se ha estirado hacia el habla”. Crystal señala como particularidad práctica de
la ciberhabla la posibilidad de entrelazar, copiar y plagiar sus contenidos con
una facilidad inédita. Esas operaciones suponen la apertura de un umbral nuevo
en la comunicación. Y más concretamente, Crystal ha descrito cinco nuevas
situaciones comunicativas internáuticas, que son los juegos en red, las webs,
los foros, el correo y la comunicación simultánea de voz e imagen.
Al tiempo que
acogemos gustosos esta distinción de géneros, observamos que estamos
transitando por un territorio de frontera. Los internautas experimentan, como
sugiere el doctor Siguan en su artículo, la intensa y contradictoria sensación
de facilidad y de extrañeza al utilizar el correo electrónico. Y ello repercute
de modo general en aspectos como el estilo, la persuasión o la cortesía y, en
particular, en los siguientes aspectos:
Registros.– Como se ha recordado,
cortesía procede de corte y del refinado comportamiento de los cortesanos que
en ella procede, con el dominio de un código elaborado y sus registros. Emplear
la ciberhabla en todo tipo de mensajes no resulta elocuente ni cortés y se
incurre en una modalidad de registro restringido.
Tacto.– La cortesía implica dominio
de las estrategias de aproximación, pero también del tacto, el respeto y la
manifestación apropiada de la emotividad. Pedir algo sin preámbulos o expresar
directamente lo que se siente puede se efectivo en la distancia corta y
personal, pero puede ser contraproducente en otras circunstancias.
Relevancia.– La cortesía comporta un uso
discreto y razonable de los medios de comunicación . Ello supone enviar y
responder a los mensaje según su pertinencia. El silencio o la atención
irregular en el despacho del correo es más que una falta de tacto, ya que puede
percibirse como un comportamiento atrabiliario y no pertinente.
Cantidad informativa.– En el reverso de la faceta de
la relevancia aparece el aspecto de la cantidad de documentos transmitidos.
Éstos han de ser proporcionales a los recursos y fines de los corresponsales.
Es obvio que un internauta no puede asimilar la información que pueda recibir
una agencia de prensa; sin embargo, a veces sucede que llegan al usuario una
avalancha de comunicados y circulares, quizá porque se ha suscrito a demasiados
foros, quizá porque la comunicación espontánea se ha abatido sobre él. La reacción
natural de este usuario puede ser el rechazo de los mensajes de fuentes
incontinentes.
Gestión de la
información.–
La relevancia y la cantidad informativa plantean una seria dificultad para su
gestión, tanto en lo que se refiere a la selección, como a la interpretación y
el archivo. Hacemos un comentario tan sólo de la fase inicial de selección, en
la que se halla la punta del iceberg de este asunto instrumental de la gestión
de la información. ¿Cómo se puede evaluar la calidad de la información recibida?
¿Qué instrumentos se puede utilizar para seleccionar la información?
Estas preguntas
sobre cómo operar en la selección se deben a un hecho aturdidor: como
internautas experimentamos una notable dificultad para dominar
estrategias de eliminación de información, porque los canales han cambiado, la
intensidad de su flujo también, al tiempo que se han mezclado y confundido
fuentes de categorías y credibilidad diversas. El individuo no tiene ni el
conocimiento directo de esa información (fiabilidad de la fuente, conocimiento
de la situación y de los objetivos del autor), ni puede aplicar generalmente un
análisis lógico porque la complejidad de las materias lo impide (conocimiento
de contexto y de su reseña crítica). La consecuencia es la reducción de la
capacidad de gestión de la información para clasificarla al instante en válida
o no válida, para desestimarla o aceptarla. Este comentario, que puede
aplicarse con mayor provecho a la información recopilada en páginas web, se
refiere sólo a la fase inicial de la gestión de la información. Le suceden a
ésta las fases de la interpretación y del archivo, sobre las que excusamos su
comentario por una razón de espacio.
Primor formal.– La sutileza
del protocolo incluye los buenos usos tipográficos. Los recursos tipográficos
son múltiples y su dominio requiere un aprendizaje perseverante y una atenta
sensibilidad. Desde el punto de vista cuantitativo de los signos gráficos,
resulta ilustrativo recordar que el lapidario o marmolista fenicio de hace
4.000 años disponía de 22 signos tipográficos mientras que un teclista de
ordenador como nosotros tiene 150 signos. Luego están las características de la
letra y su compaginación, con el tipo o familia (helvética, palatina, garamond,
correo, etc), el aspecto (redonda, cursiva, negrita, versal, versalita), el
cuerpo o tamaño (medido en puntos, según el rango textual y metatextual de la
información), la línea de texto (irregular o ajustada a márgenes), el párrafo
(ordinario o con sangrado inicial, moderno o alemán), los márgenes, el
encabezamiento y el pie, la línea tipográfica (filete, punteada) y los signos
especiales. Muchos de estos aspectos están determinados por defecto en los
programas informáticos o se puede escoger un estilo de presentación mediante
plantillas; pero esta mecanización, que es una gran ayuda tipográfica, no debe
tomarse como un canon o corsé expresivo.
Hemos de reconocer que hablar de buenos usos tipográficos u
ortotipografía suena a excentricidad y a dandismo estético. Pero con los
recursos de edición de que dispone el internauta –literales, gráficos y
fotográficos– para desarrollar su comunicación en tan diversas y novedosas
situaciones como el correo particular o de foro, la web y los soportes de cd y
dvd, parece razonable reclamar mayor atención sobre estos aspectos formales de
la compaginación. Huelga decir que el autoeditor intuitivo puede realizar
trabajos impredictibles y desgobernados, que recuerdan el efecto de obras naïfs
o fauvistas. Y ahí hallamos más confusión y ruido que harmonía y sentido. Como
norte de la autoedición, tan estimulante y productiva como es la disposición de
medios de edición, mantenemos el ideal del primor formal. Para que el ideal de
primor formal no sea un lema baldío, añadimos la petición de que los viejos
tipógrafos nos enseñen los caminos que conducen hasta él.
En el artículo hemos intentado presentar la cortesía no ya como cuerpo de normas sino como un conjunto de principios que reúnen sentido común, esmero en la composición del documento y respeto al interlocutor. Todo ello nos ha ocupado hasta aquí y cierra nuestra contribución, pero se relaciona con un horizonte más amplio de la comunicación y con una idea básica. La idea es que al referirnos a la cortesía es apropiado afirmar la relación estrecha entre buenas maneras de la oralidad, buenas maneras de la escritura y buenas maneras internáuticas. Dicho de otro modo, son afines y complementarias la alfabetización digital y la alfabetización tradicional, que es aquella que permite destacar en oratoria y en escritura literaria o técnica. Una consecuencia clara de esta observación es que la comunicación en Internet no requiere solo una formación técnica. En efecto, no depende de la mera formación de habilidades técnicas, pues abarca una realidad cultural. Exactamente como se predica de la alfabetización tradicional en lectura, escritura y oralidad formal.
La alfabetización, en todas sus modalidades históricas, es una tecnología de la información. Crea nuevos documentos e informaciones. Pero también es una tecnología cultural, porque crea fuentes, canales, entornos, propósitos, interpretaciones y géneros discursivos. Estas formas nuevas de construcción cultural desembocan en cambios sociales, en cambios de vida y de ocio colectivos. No siempre es tan evidente esa posibilidad de los cambios que puede introducir el teléfono móvil o un hipotético Internet también móvil. Sin embargo, la opinión de expertos supone una llamada a la realidad y la consideración de que Internet es una realidad como tecnología de la información y una desconocida como tecnología de cambio social. [12] Hemos querido contribuir a esta tesis con la modesta idea de que los aspectos de estilo, persuasión y cortesía del correo electrónico plantean dificultades y desajustes comunicativos que debemos atender con interés y que podemos superar con elocuencia.
Como colofón
queremos recoger unas notas quizás anecdóticas y ligeras, pero no menos reales
que las explicaciones pretenciosas que las han precedido. Dominique Wolton
firma el ensayo “Internet, entre instrumento económico y proyecto político”
incluido en el libro de Vidal Beneyto (2002), se pregunta sobre este mundo de
la ventana global. Señala que se está presentando a Internet como un espacio de
comunicación cuando no llega a esa categoría, pues cree él que es un ámbito de
expresión y un mercado de información. Añade a su crítica la reflexión de que,
en un mundo de ideología técnica, se considera conservador o pesimista al que
tiene reservas sobre su utilidad. No ha extrañar, pues, que lo que dice a
continuación suene a conservadurismo, ¿pero lo es? Dice que después de siglos
dedicados a liberarnos de las tutelas religiosas, políticas, sociales y
militares, estamos localizables permanentemente por el ordenador portátil, el
fax, el telefonino y el e-mail. ¿Cómo vivíamos antes sin morir de
incomunicación?, se pregunta con vehemencia Dominique Wolton Y concluye su
exposición de un modo sorprendente, con una propuesta radical que quizá espante
a los que no acostumbran a dudar: “¿Por qué no nos desmaileamos?”
¿Por qué no nos desmaileamos?,
insistimos nosotros. Ya hay antecedentes de ruptura con el cordón umbilical de
la red. Roberta Zeta, la internauta hastiada del correo electrónico de la que
habíamos hablado, ha elegido ese camino heroico e inalcanzable para muchos. Bien,
al menos en parte, porque finalmente ha resultado que Roberta Zeta no se ha
dado de baja, sino que ha cambiado de dirección electrónica y ha vuelto a la
comunidad internáutica, pero con sigilo y prudencia. Esa es la historia
verídica. Se completa con una aspiración. Que la cortesía nos acompañe para
que, con su delicadeza y acierto, no tengamos que desear la desconexión, como
les sucedía a la corresponsal Roberta Zeta, el novelista Stanislaw Lem y el
lingüista Umberto Eco.
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“El lenguaje e Internet, de David Crystal”, Tonos Digital, número 5,
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“Las buenas maneras en Internet”, Tonos Digital, número 5, abril 2003
(www.tonosdigital.com).
[1] Este artículo tiene su origen en el ciclo conferencias “El lenguaje y
la vida”, celebrado en abril de 2003 en Murcia, bajo la dirección del Dr.
Ricardo Zamora Escavy y el patrocinio de la Caja de Ahorros del Mediterráneo.
Su contenido se aplica al master europeo de mediación cultural impartido por las
Universidades Autónoma de Barcelona, de Montpelier y Venecia.
[2] José B. Terceiro, “La adolescencia de Internet”, El país,
13-03-03, p. 15.
[3] Jordi Labanda, Magazine, 09-02-2003.
[4] Stanislaw Lem, “Bajo la ducha”, Quimera,
221 (VIII-2002) 44.
[5] A. Bañón, “El lenguaje e
Internet, de David Crystal”, Tonos Digital, número 5, abril de 2003.
[6] Cada una de las tres
opciones es apropiada a una situación específica. Cuando se puede fijar una
opción por defecto en el programa de correo, el usuario escoge la más cómoda o
usual. Este redactor prefiere la opción de no reproducir en la respuesta el
mensaje recibido.
[7] El
Periódico (El Periódico), editorial Edebé (Edebé), Última Espina (Última
Espina), Valentín
(ValentÃn).
[8] Consulta realizada en marzo
de 2003.
[9] La cita procede de las
normas de uso del correo electrónico de la Universidad de Barcelona. Las otras
observaciones legales comentan artículos de la misma fuente. Nótese la extensa
descripción de comportamiento ilegales o reprobables, que concluye de modo abierto
para dar cabida a acciones no mencionadas de modo explícito.
[10] Usamos la misma fuente
normativa de la Universidad de Barcelona.
[11] Miquel Siguan, “De la carta
al correo electrónico”, El Periódico. Cita extraída de D Fernández et
alii, Lengua castellana y literatura. 2º de Bachillerato, Barcelona,
Castellnou, 2003, p. 68.
[12] Esta tesis es la que
defienden José Manuel Paquete de Oliveira, José Jorge
Barreiros, Gustavo Leitao Cardoso en el capítulo de “Participación ciudadana”,
publicado en una interesantísima obra, La ventana global. Ciberespacio,
esfera pública mundial y universo mediático (Madrid, Taurus, 2002), bajo la
dirección de José Vidal Beneyto.