Xavier Laborda Gil

 

Lingüística. Universidad de Barcelona

 

Activitades: Congresos

 

 

 

 

Televisión y sofistas:

notas sobre la palabra, el silencio y el ruido

 

Xavier Laborda

 

V Jornades Educatives de l’Observatori Europeu de Televisió Infantil

Observatori Europeu de la Televisió Infantil — Novembre de 2001, CCCB, Barcelona

Culturas pedagógicas de la comunicación

 

/versió en català/

 

En la orilla docente

Participar en las Jornadas Educativas del Observatorio Europeo de Televisión Infantil, bajo el lema de las “Culturas pedagógicas de la comunicación”, comporta el gozo de viajar a un lugar de encuentro especial. Porque es un lugar que está a la otra orilla de aquel en que algunos profesores impartimos asignaturas de lingüística y comunicación. Las Jornadas Educativas brindan una ocasión impagable para realizar todo aquello que no se suele hacer y que tanto se echa de menos en el trabajo anual con los estudiantes. Permiten considerar los puntos de vista de muchos profesionales de la comunicación. Estimulan la asimilación de códigos y obras académicas, artísticas, periodísticas y gestoras. Pero, quizá, lo que resulta más valioso de estas Jornadas para quien hace esta exposición es la confrontación con sus propias seguridades y la exploración de dudas e inquietudes nuevas en su trabajo. Ha pasado este autor de una a otra orilla, la de la televisión y las culturas pedagógicas de la comunicación. Y, a causa de lo que ha conocido desde este lado del río de la comunicación, se siente interesado por revisar su trabajo docente. El relato de este examen es lo que ofrece a los compañeros de las V Jornades Educativas del Observatori, con la esperanza de reflejar algunas analogías entre el mundo de la comunicación y de la enseñanza, y, más particularmente, el mundo de la televisión y el de la enseñanza de la retórica como culturas pedagógicas de la comunicación.

Un propósito de la enseñanza de la comunicación es practicar aquello que cuesta, aquello que no sale bien, aquello que requiere un buen dominio teorético y práctico a la vez. Y un modo concreto de enfrentarnos a ese propósito es considerar dos campos de actividad y un principio. Los campos son el de los discursos públicos y el del cultivo de una gran variedad de géneros. El principio se refiere a la aspiración de impregnarse del arte, de sus producciones literarias y videográficas, principalmente, y de sus propuestas provocadoras. La retórica y la oratoria son la rúbrica bajo la que acogemos este tipo de prácticas. Y nos mueven a pensar y ejercitar la comunicación como palabra, como silencio y como ruido. La palabra y el silencio componen dos facetas felices y productivas de la comunicación, mientras que el ruido puede entenderse de un modo físico y también metafórico, en el sentido de impedimento de la comunicación.

Palabra que crea el espacio público

Sigue plenamente vigente entre nosotros el modelo de los sofistas, aquellos filósofos y pedagogos de la Grecia clásica que proveen el primer curricula occidental. Podríamos completar la tarjeta de presentación con la expresión del “modelo de los pedagogos griegos, puesto al día en tiempos de la televisión y la telemática”. Y resumimos ese modelo en dos realidades de uso común en la docencia: el atril y los géneros. El atril es un soporte o un mueble en el que se coloca un libro o un escrito, para poder leer con comodidad. Los géneros son realidades virtuales de creación literaria y oratoria.

El atril es un instrumento que reúne las características de la comunicación pública. Nos valemos de él para facilitar la lectura de textos o notas en una exposición. Al utilizar el atril, el hablante se convierte en orador, en un agente de comunicación que pronuncia un discurso elaborado, elocuente y persuasivo (Bentley 1964). Los alumnos se valen de él no sólo con una finalidad práctica sino también simbólica, ya que así representan una función pública de la comunicación ante un auditorio de compañeros e invitados. El orador se halla de pie y se entrega a su público o, considerándolo a la inversa, intenta que el público le depare su atención y su adhesión, que es otra forma de entrega. La lectura en voz alta que se practicaba en la escuela tradicional es una costumbre infrecuente en nuestro sistema escolar, y la declamación parece pura arqueología. Sin embargo, aun considerando la limitación de las prácticas mecánicas, la lectura en voz alta de poemas, relatos o informes es un procedimiento provechoso. Un grado más allá se halla la producción de discursos. El alumno es un orador que pronuncia discursos de circunstancias (elogio de fiesta, homenaje, brindis, aceptación de una distinción, etc.), discursos deliberativos y judiciales. Expone, narra, argumenta, ejemplifica, detalla, concluye y exalta el ánimo de los oyentes. Para hacer esas prácticas de oratoria es muy útil el visionado de vídeos con discursos de estos tipos. Y también usamos la grabación de las piezas oratorias para examinar después los puntos débiles y fuertes de la exposición, la teatralidad, la mirada, la cadencia, la postura y el gesto.

Los géneros son un magnífico regalo de la tradición literaria y formativa (Vives 1532), que provee a las personas de una gramática para la interpretación y de un canon para la creación. Es sabido que en el mundo académico se suele usar y abusar de unos géneros, como por ejemplo la monografía y el examen, mientras que se negligen otros y por añadidura se pierde elasticidad receptiva y productiva. En nuestro programa docente propiciamos el cultivo de otros géneros, con una doble intención. Por una parte, se consigue aplicar otros modelos estilísticos y formales (Morera, Solsona 1997). Y, por la otra parte, como consecuencia de una mayor atención a los formatos, se puede lograr unos contenidos mejor pensados y expresados. Una muestra de los géneros que desarrollamos en los cursos de lingüística y retórica son la reseña, la memoria de curso, el relato y la octavilla o flyer.

La reseña es una noticia crítica de presentación y valoración de una obra. Para realizarla, nos atenemos a un formato periodístico, que es vivo y didáctico; y proponemos reseñar obras (artículos o libros) del programa, para obtener un conocimiento apropiado de su contenido. La importancia de la reseña está en que ha de saber comunicar con claridad y perspicacia no sólo el contenido de la obra sino también su relación con el pensamiento contemporáneo.

La memoria de curso recoge una síntesis de lo aprendido y substituye el examen final. Si el alumno realizara una conferencia en que resumiera los trazos básicos del curso, ya tendría el cuerpo central de la memoria. A la vez, ha de añadir una parte que va más allá de lo hecho en el curso y que es un proyecto de investigación. En el proyecto, el alumno propone un tema y un procedimiento de investigación, una bibliografía básica y unos contenidos previsibles. La finalidad del proyecto no es realizarlo, pues no da tiempo a tanto, sino planificar un modo específico y personal de prolongar y aprovechar las enseñanzas del curso. La síntesis —recapitulación— y el análisis —proyecto de investigación— forman las dos facetas de la memoria de curso.

La narración y la argumentación son las dos modalidades fundamentales de la comunicación. A cada una de ellas corresponden las noticias de sucesos y los panfletos. La noticia de sucesos es un relato que nos permite realizar ejercicios de escenificación y de interpretación. Y el panfleto o la octavilla —su formato de reparto callejero— expresa un pensamiento y propone un mensaje publicitario o propagandístico.

Silencio que comunica

La palabra se expande con el cultivo de los géneros. Pero un elemento que forma parte del lenguaje verbal es el silencio. La práctica del silencio nos instruye. El silencio cumple diversas funciones comunicativas: conecta, crea afectación, revela, evalúa o resulta de una actividad. Permite conectar entre los interlocutores o con la audiencia. Crea una afectación o un clima psicológico especial. Revela sentimientos, actitudes o procesos mentales. Indica unos instantes de reflexión o de valoración por parte del sujeto. O bien, finalmente, es la consecuencia de una actividad física.

El silencio puede ser la ausencia de palabras o la ausencia de sonidos. El silencio puede consistir, por ejemplo, en la supresión del sonido en una grabación videográfica de un discurso. En este caso, podemos fijarnos en los gestos del orador y en los códigos de la comunicación no verbal. Un aspecto que nos interesa mucho es el control del movimiento. Suele suceder que nuestros alumnos, desempeñando el papel de oradores, realicen pequeños desplazamientos alrededor del atril, basculen su peso sobre alguna de las piernas o se balanceen sobre la punta de los pies y los talones. Deseamos evitar estos movimientos en discursos breves, para conseguir así una imagen de serenidad, fluidez y elocuencia. La filmación de las piezas oratorias y su reproducción sin sonido es un tipo de ejercicio que nos permite analizar la calidad de la comunicación no verbal (facial, gestual y postural). También visionamos fragmentos televisivos de actos públicos o de programas de noticias; por ejemplo, utilizamos material del informativo infantil Info K, del canal autonómico catalán. La oratoria se basa en la expresividad de los recursos no verbales. Y el silencio enseña a detectar su valor.

Enseña el semiótico Sebastià Serrano (1999) sobre la importancia que tienen el silencio y la comunicación no verbal en ciertas circunstancias. Se refiere, por ejemplo, a la relación entre sanitarios y pacientes, cuando estos últimos, en un estado crítico de salud, reciben curas paliativas del dolor o de la degeneración neurológica (Presència, 08-11-01). En tal situación los pacientes pueden padecer grandes dificultades para comprender las palabras, sea porque éstas componen mensajes demasiado abstractos o porque la merma sensorial no permite a los destinarios ni siquiera captar las palabras. Sin embargo, suelen conservar despiertos los sentidos que adquirieron primeramente en su infancia, los del tacto y el olfato. Y son los mensajes del sanitario dirigidos a esos sentidos, mediante el contacto táctil y la cercanía, los que más fácilmente puede recibir y agradecer el paciente. Son mensajes que pueden comunicarse en silencio o juntamente con palabras.

El silencio figura en las artes. En el cine y en la música, mediante las pausas o los lapsos. En la pintura y la arquitectura, con los espacios vacíos y desnudos. En el teatro, con el mimodrama o las performancias sin texto. Y con estas manifestaciones artísticas podemos enriquecer nuestra formación comunicativa y oratoria. El uso de videografía apropiada es un procedimiento provechoso para exponerse a la provocación del arte y a la exploración del silencio como recurso comunicativo. Utilizamos todo tipo de materiales artísticos. Entre ellos se cuentan los guiones teatrales sin diálogos de Samuel Beckett,[1] los vídeos de performancias del ciberartista Marcel·lí Antúnez,[2] los vídeos de ciertos anuncios televisivos o el certamen sobre el silencio Mutted’99,[3] celebrado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. La pretensión de esta práctica con materiales artísticos es abrir la sensibilidad a formas expresivas que pueden enriquecer la capacidad comunicativa ordinaria del orador y de los interlocutores.[4]

Ruido que incomunica

También interesa tratar de aquello que dificulta o incluso impide la comunicación. Es lo que denominamos ruido. Podemos entender el ruido de un modo literal, como un sonido discordante o estridente; o bien de un modo metafórico, como aquello que, al igual que sucede con el ruido, causa desatención o ausencia de contacto. Para ilustrar este fenómeno negativo queremos referirnos a dos hechos propios de la oratoria académica y del sistema escolar. Tales hechos son el uso inmisericorde del Power Point y la autocensura en libros de textos.

El Power Point es un conocido programa informático que se usa en presentaciones y conferencias para proyectar en una pantalla de pared textos, gráficos y figuras. Por la facilidad de creación y de proyección de las láminas, viene a substituir con ventaja la exposición de diapositivas y de transparencias. No es, por la tanto, una novedad total ni tampoco un recurso ocioso. La ilustración gráfica de ciertos puntos de un discurso resulta recomendable porque es informativa y también añade amenidad. Sin embargo, puede suceder que quien utiliza la mencionada proyección informática convierte lo accesorio en principal y lo principal en accesorio; es decir, que el discurso del orador se reduzca a una simple lectura, más o menos entreverada de breves escolios, del texto proyectado en la pared. Los efectos visuales de líneas que aparecen por los lados o de páginas que se difuminan en ondas de agua son una distracción banal y un mérito ínfimo de este tipo de exposiciones. Tal clase de comportamiento oratorio expone unas penurias expositivas que, para no extendernos en su crítica, podrían compararse con las de un programa dramático de televisión en que se hiciera teatro leído en vez de representarlo. Esto último es algo inimaginable y, sin embargo, no lo es lo otro, según acredita la obstinada experiencia.

Los medios de comunicación social tienen un poder extraordinario para crear opinión y debate, sensibilidad e imaginación, así como para fomentar capacidades y vínculos sociales. Los libros de texto son un instrumento muy rentable de un gran medio de comunicación social —quizá el más importante de todos, aunque no suela considerarse de este modo—, que es el sistema escolar (Postman 1985). Dentro de este medio escolar, entre un vasto currícula, hallamos los cursos de lengua y literatura, cuya finalidad elemental es promover el gusto por la lectura, la afición a las letras y sus géneros. La polémica sobre el desinterés de los niños por la lectura y la fácil pasión por la imagen (televisión, vídeojuegos y películas) es recurrente y cae fuera de nuestro propósito. Si mencionamos la polémica es porque alguna causa hay, independientemente de los códigos alfabéticos y visuales, para que suceda a menudo que la letra aburra y la imagen divierta. Al sistema escolar se le atribuye hoy —mañana ya veremos— el papel de formar mucho, entretener algo y divertir muy poquito, que es justamente lo contrario de la televisión. No tenemos nada que objetar a este reparto social de tareas, pero sí a cómo se trampea ese orden de cosas.

En ocasiones se critica, sin duda con fundamento, los excesos de la televisión por divertir a toda costa, sin reparar en medios o contenidos, con una finalidad mercantil. En el ámbito de la televisión infantil es una cuestión grave. Pero no se suele tratar de los excesos que se dan en los libros de texto, y que precisamente se deben a un mismo afán económico de editores y autores. Son obras destinadas a un público infantil y, por lo tanto, comportan un proceder igualmente grave que el que se recrimina en su caso a la televisión. Huelga decir que el mercado editor de libros de texto es libre y, salvo la obligación de observar los principios curriculares, pueden orientar sus contenidos como crean más didácticos. Las escuelas y sus profesores eligen y aplican las obras que consideran apropiadas a su modelo de centro y su programa formativo. Esas son las conocidas normas del juego. Sin embargo y por desgracia, no es un tema de debate social la calidad de esos libros ni las prácticas abusivas en su confección para conseguir la mayor cuota de mercado. ¿Cuáles son esas prácticas? Algunas pueden parecer detestables pero resultan legítimas: halagar el gusto de los maestros, atenerse a los contenidos y modelos más conservadores, proponer ejercicios cómodos y esquemáticos… Más allá de estas prácticas hay otra realidad inconfesada. Más allá está la autocensura, es decir, la supresión de ciertos tópicos y géneros. Se censuran aquellos textos que se refieran a asuntos polémicos (conflictos, adicciones, delincuencia, prisión) y se escogen textos rigurosamente blancos. Y se evitan ciertos géneros críticos, como el del humor, en sus modalidades textuales o gráficas (chistes de Forges, Gila o los personajes de los Simpson) o el género memorialístico. La autocensura o la censura editorial impuesta a los autores es un fenómeno que existe pero del que no se habla. Es un fenómeno que causa ruido comunicativo, es decir, que incide para mal en la creación de libros de textos empobrecidos y rígidamente escolares. Son obras que propalan una idea negativa e injusta de la escritura y lectura. ¿Que no gusta la lectura? ¿Que muchos niños prefieren contemplar imágenes? Pues comencemos por llevar a los libros la realidad, con textos y actividades sugestivos y pedagógicos. Y que los editores no busquen complacer con un mismo título a toda la comunidad escolar, una comunidad dispuesta en un arco ideológico y estético potencialmente tan extenso, pero tan reductor en la práctica.

¡Polémicos oradores, polémica televisión!

Para concluir, deseamos reunir en un comentario de tipo histórico las dos orillas a las que hacíamos referencia arriba, la orilla docente y la orilla de la comunicación televisiva. El comentario consiste en una analogía que puede entenderse como un elogio de la actualidad de la docencia y de la televisión. Hemos indicado que el sistema escolar tiene su fuente en la enseñanza retórica de los sofistas. Ellos proveen el primer modelo curricular de Occidente (y, cuando se consolida la industrialización en el s. XIX, se impone el sistema escolar y la alfabetización general). También hemos descrito algunas actividades de aprendizaje de la oratoria para alumnos universitarios y de grados inferiores, en un trabajo de capacitación como oradores similar al que aplicaban los sofistas. Pues bien, considerando conjuntamente los sofistas y la televisión, hay al menos tres afinidades claras entre los dos escenarios educativos que promueven. Se trata de la afinidad en la leyenda fundacional que les precede, en la polémica social que provocan y, finalmente, en sus términos definitorios.

La leyenda fundacional de la retórica va ligada al pleito y la guerra civil. Tras el derrocamiento de unos tiranos en la Sicilia del siglo V aC, reclamaron justicia los antiguos propietarios de fincas que habían sido despojados por los déspotas para premiar a sus mercenarios con las tierras. Como sea que no había pruebas documentales, los tribunales hubieron de atenerse a la verosimilitud de los argumentos de reclamantes y reclamados. Tal es el origen de la retórica. Y el de la televisión se halla en la guerra y en la extensión del invento al consumo civil. La investigación militar desarrolló durante la segunda guerra mundial la tecnología de la transmisión de imágenes, la televisión. Luego, los intereses industriales abrieron paso a la comercialización civil de dicho instrumento. En un caso, la guerra civil crea las condiciones para producir una retórica procesal, y en el otro la guerra mundial aporta al mundo civil tecnología militar.

Sobre la gran polémica que ha provocado y provoca la televisión, con acérrimos detractores y defensores, con anuncios de calamidades y de milagros por supuestos efectos de su uso, bastaría consultar la historia del pensamiento para apreciar la gran afinidad de este debate con el que se derivó de los sofistas (Romilly 1988). Con sólo consultar un autor, concretamente Platón, tenemos a nuestra disposición una enciclopedia antisofística y un punto de vista que, desafortunadamente, ha pasado a la historia como válido (Fish 1989). Con mucha o poca razón, las acusaciones de mercantilismo, demagogia y banalidad, perversión de valores y adocenamiento de mente y sensibilidad, son comunes a la televisión y a la retórica de los sofistas.

La tercera afinidad se refiere a un punto esencial, el de los términos definitorios. En el opúsculo de la ceremonia de inauguración de la presente edición de las Jornadas del Observatorio,[5] el lector halla una creativa propuesta de manifiesto del acontecimiento sobre la televisión. Un texto en forma de diálogo, “Letras, palabras y conceptos”, propone unas claves magistrales. A continuación el lector tiene la grata sorpresa de hallar un crucigrama, con siete definiciones que han de sugerir siete términos relativos a un escenario educativo. Una vez realizado el juego, se obtiene la siguiente solución del crucigrama: televisión, ética, formación, educación, criaturas, entretenimiento y arte. Pues bien, si buscáramos unos términos definitorios del movimiento sofístico en la antigua Grecia con seguridad daríamos con idénticos términos a los relatores de la televisión. Para justificar la aseveración comentamos los siete términos televisivos desde el punto de vista de la sofística.

Televisión: El movimiento de los sofistas crea la técnica y la ciencia del primer modelo de comunicación de masas que suponen los discursos públicos en el foro, en el parlamento, en la plaza pública. A su modo, la oratoria y la televisión representan dos modelos de la comunicación social. Y el análisis retórico de Aristóteles es un esquema fascinantemente actual para examinar la cultura de masas que expande la televisión (Barthes 1985:159).

Ética: Los rétores sitúan como eje de su filosofía al ser humano, en detrimento de la naturaleza y del orden divino. Y centran sus esfuerzos en ofrecer recursos sociales para convenir qué es justo y ético mediante la formulación de la protoretórica o retórica procesal.

Formación: Los rétores son maestros de oratoria. Adiestran a sus pudientes alumnos en el arte de hablar en público, de conocer los tópicos, de exponer sus puntos de vista. La finalidad de esta formación se cifra en convencer a los jueces, en tener la conformidad de los parlamentarios o iguales, y en conseguir la admiración y adhesión del público.

Educación y criaturas: El programa sofístico se fundamenta en la convicción de que la criatura humana puede ser conducida, esto es, educada (Vernant 1962). Los rétores son maestros, conductores de jóvenes a los que comunican una formación que no es meramente técnica, sino que les confiere un poder de movilidad social, algo que representa una transformación tan radical como novedosa en la historia social.

Entretenimiento y arte: Al igual que sucede con la televisión, la oratoria está ligada al entretenimiento, a la fiesta pública que se compone de discursos de elogio y homenaje, de invitación a la fiesta, de incitación de un estado de ánimo gozoso… Los discursos públicos de este tipo, denominados epidícticos, tienen por finalidad entretener. (Igualmente, son epidícticos los discursos televisivos de un anuncio, el telediario, un debate o la retransmisión de la inauguración de los Juegos Olímpicos.) El entretenimiento puede estar acompañado de información y formación, pero de modo secundario. Y el entretenimiento se logra con arte, es decir, con pericia y con gusto, con el dominio de unas técnicas y mediante el comercio con unos cánones estéticos sugestivos.

Nuevos medios y viejas habilidades

Comparar, como hemos hecho, a los sofistas con la televisión supone argumentar de manera tan previsible que puede resultar gratuita, desidiosa incluso. Los sofistas y la televisión son —reconozcámoslo modestamente— dos polos de una gran entidad, cuyo manejo como tópico asegura un beneficio discursivo y un escaso riesgo. Por otra parte, los escenarios comunicativos de estos polos están tan alejados que permiten establecer un símil flexible y evocador. En tercer lugar, el autor de estas páginas no está seguro de que tal comparación aporte novedad alguna en la consideración del mundo de la comunicación social y, en particular, de la televisión. No obstante ello, podemos reiterar y admirar la notable complejidad de estos dos mundos, el surgido del mundo clásico y el que se produce en esa industria artesanal que es la televisión. En uno y otro hallamos el foco de la creación de la realidad virtual, es decir, de aquella que no es física sino la del imaginario y la que tiene vías para la comunicación. Porque son realidad virtual la invención de la prosa y la determinación de los géneros literarios (poesía, narración y teatro), los géneros formativos (ensayo, historias de vida y piezas oratorias) y los géneros de discursos públicos (judicial, parlamentario y epidíctico). Al sofista Gorgias se atribuye la invención de la prosa y lo demás a Aristóteles, por su Poética y Retórica. Y, pasando al tiempo nuestro de la televisión, son éstos algunos de sus modos de ensanchar los horizontes de la realidad virtual y de la retórica visual: la hibridación de géneros, la especialización en el reciente género formativo del periodismo (CNN, Info K) o, por citar un ejemplo más, la rabiosa experimentación artística en algunos programas y mensajes publicitarios.

A la pregunta “¿qué cultura pedagógica de la comunicación propugnamos?”, con que se ha convocado esta edición del OETI, podemos responder aquello que hemos expuesto: nuevos medios de comunicación junto con viejas habilidades comunicativas. La cultura pedagógica de la comunicación que nos atrae es una combinación aparentemente anacrónica, pero vigente, que reúne los medios de comunicación audiovisuales y gráficos con las viejas habilidades comunicativas. Esas viejas habilidades son las de la retórica interpersonal y de la oratoria. La retórica interpersonal nos habla de la importancia de la palabra y, aún más, de la comunicación no verbal; la del cordial contacto visual y táctil, la sonrisa y el abrazo. “Tacto, contacto y consciencia”, como certeramente ha definido el profesor Víctor Fuenmayor. La oratoria, la retórica clásica, nos exalta a pronunciar la palabra justa y el discurso adecuado, aquel que es prudente, elegante, elocuente. Digámoslo de nuevo: la reunión de las viejas habilidades comunicativas y los medios de comunicación gráfica y audiovisual. Y digámoslo, pues, con palabras, con silencio y sin ruido.

Referencias

Antúnez, Marcel·lí (1999): Epifanía, Madrid, Fundación Telefónica. Libro-catálogo de la exposición.

Aristòtil (350-335 aC): Retòrica. Poètica, Barcelona, Edicions 62.

Barthes, Roland (1985): La aventura semiológica, Barcelona, Paidós, 1990; “La retórica antigua”, p. 85ss.

Cicerón (c. 85 aC): La invención retórica, Madrid, Gredos, 1997.

Fish, Stanley (1989): Práctica sin teoría, Barcelona, Destino, 1992; “Retórica”, p. 257 ss.

Koerner , Konrad (1995): Concise History of the Language Sciences, Oxford, Pergamon.

Laborda, Xavier (1996): Retórica interpersonal. Discursos de presentación, dominio y afecto, Barcelona, Octaedro.

 —— (1993): De retòrica. La comunicació persuasiva, Barcelona, Barcanova.

Morera, M.; Solsona, R. (1997): Tècniques d’expressió oral i escrita, Barcelona, UOC.

Mortara, Bice (1988): Manual de retórica, Madrid, Cátedra, 1991.

Bentley, Phyllis (1964): Public Speaking, London, Collins.

Postman, Neil (1990): Divirtámonos hasta morir. El discurso público en la época del “show-business”, Barcelona, Libros de la Tempestad-Llibres de l’Índex, 1993.

Romilly, Jacqueline de (1988): Los grandes sofistas en la Atenas de Pericles, Barcelona, Seix Barral, 1997.

Serrano, Sebastià (1999): Comprendre la comunicació, Barcelona, Proa.

Vernant, Jean-Pierre (1962): Los orígenes del pensamiento griego, Barcelona, Paidós, 1992.

Vives, Joan Lluís(1532): El arte retórica. De ratione dicendi, Barcelona, Anthropos, 1998.

 

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[1] Samuel Beckett, Acto sin palabras I (1956) y Acto sin palabras II (1958), en Teatre complet, Barcelona, Institut del Teatre y Diputació de Barcelona, 1995.

[2] Véase M. Antúnez (1999). Marcel·lí Antúnez (Moià, 1959) fue galardonado con el premio Max de artes escénicas alternativas del año 2001. En su videografía estan recogidas piezas teatrales sin texto alguno como Epizoo (1994), Satélites obscenos (1995-7) y Afasia (1998). Afasia es un montaje complejo, representado en el CCCB, que combina música electrónica, robots, proyección de imágenes tratadas infográficamente y presencia de un actor. Afasia representa de un modo transgresor la historia de Ulises, el héroe homérico, en su fantástico viaje de regreso a casa desde Troya.

[3] Mutted’99 fue un acontecimiento artístico y académico excepcional, entrado en el silencio, que se realizó en el CCCB en 1999. Se compuso de proyecciones y exposiciones alusivas, de debates y de un curioso happening en el que debía imperar el silencio. El happening consistió en un cóctel en el que durante varias horas los asistentes no podían vocalizar palabras, pero sí se podían comunicar mediante el intercambio de notas manuscritas. Mutted’99 cerró un círculo perfecto de silencio ya que, por lo que sabemos, no se se publicó ningún libro que recogiera sus contenidos y resultados.

[4] Una experiencia docente, que resulta singular, es el curso de postgrado “Expresión, comunicación y creatividad”, impartido por l’Escola d’Expressió y la Universidad de Barcelona y dirigida por el profesor Sebastià Serrano. El propósito del curso es doble; primeramente pretende integrar comunicativamente la oratoria y las artes de la plástica, la danza, la música, el teatro y la literatura; y luego propone realizar un proyecto en el se aplica lo aprendido a un grupo de alumnos de educación formal o informal.

[5] Visionen. Visons, Visoni. Visiones… Cerimònia d’inauguració. V edició del Festival Internacional de Televisió Infantil… Parlament de Catalunya, Barcelona, 12 de novembre de 2001. “Mots encreuats. Crucigramas. Crosswords”, compuestos por Fortuny y Màrius Serra.