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Lingüística. Universidad de
Barcelona |
Publicaciones: traducción
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el
lujo del lenguaje JESÚS TUSON Traducción, Xavier Laborda Barcelona, Paidós, 1989 |
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Cubierta de Mario Eskenazi |
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Edición castellana de El luxe del llenguatge (Empúries,1986) |
Sumario
Prólogo a la
versión castellana
Principio
I. El lujo de
la unidad
1. Los
aposentos son variados. Y todos, sin embargo, de un mismo hogar: la morada
común de la conciencia.
2. Desde la
sima, nos hermana una libertad vigilada e insondable.
3. Es
totalmente cierto que las oraciones suben al cielo. Y que retornan por las
ramas de los árboles.
II. El lujo de
la diversidad
4. Di “¡ven!” e
iré, o sabré que me necesitas, o que quieres verme.
5. Ni “piedra”
es de piedra; ni “gallo” canta. “Miquel” tampoco tiene ocho años.
III. El lujo de
la profundidad
6. De un metro,
sólo conocemos cinco milímetros. Lo demás es sueño.
7. La poesía es
tan sólo la espuma. Pero los océanos espumean necesariamente.
8. Nos habéis
malogrado la Torre. Pero no nos arrebataréis el placer del castigo.
Deudas
bibliográficas
Prólogo
a la versión castellana
Estas páginas nacieron hace
ahora tres años, y fueron alumbradas en un acto de libertad. Porque, aunque
también podemos (y debemos) ejercer la libertad en las aulas universitarias, un
ensayo queda al margen de cualquier constricción: se escribe o no se escribe. Y
si es lo primero, el autor tiene las manos expeditas (si así lo desea) para dar
rienda suelta a un hilo discursivo que sólo puede romperse o por el miedo, o
por la propia ineptitud.
El lenguaje, la facultad que
mejor nos define como humanos, no sólo merece ser estudiado de forma erudita;
también se presta a cualquier género de reflexión. En este caso, sin embargo,
conviene no perder de vista que la ciencia del lenguaje, la Lingüística, es una
disciplina antigua que, en los últimos decenios, ha experimentado avances
singulares: desde la tarea previa e indispensable de la autodefinición, hasta
la labor apasionante de tender puentes constantes hacia otras ciencias vecinas.
Por eso, toda reflexión sobre el lenguaje y las lenguas tiene la obligación de
inscribirse explícitamente en el marco de la Lingüística, so pena de
precipitarse en la vacuidad o en la charla de aficionados.
Si he dicho antes que estas
páginas habían sido dictadas por la libertad, ahora añadiré que buena parte de
ellas responde, además, a una intención educativa: son muchos los mitos sobre
el lenguaje, como abundantes son también los prejuicios que se ciernen sobre
las lenguas. Toda mácula que caiga sobre nuestra señal más distintiva salpica
igualmente a la humanidad, y el desprecio hacia las lenguas es, necesariamente,
un acto de desestima que puede desgarrar a los pueblos y que es capaz de
convertirse en el germen de disensiones y enfrentamientos. Tenemos, pues, la
obligación de ser lingüísticamente educados, y a esto vienen las páginas,
breves, que pueden ser desgranadas a continuación: en ellas se habla de la
unidad del lenguaje, facultad humana de la que todos somos propietarios de
pleno derecho; de la diversidad de las lenguas y de sus usos; de los oscuros
orígenes del habla, del placer del lenguaje literario y de algunos principios
éticos a los que debemos ajustarnos para seguir siendo humanos.
La primera y sucesivas
ediciones originales en lengua catalana (seis entre los años 1986 y 1988) han
representado algo más que una sorpresa: nadie se atrevía a suponer tal acogida
por parte de los lectores y tanta benevolencia entre los comentaristas. Con el
paso de los días, esta obra (que no estaba pensada para un lector específico)
ha ido difundiéndose sobre todo en esos ámbitos previos a los comienzos
universitarios, en los que ha sido propuesta, a veces, como lectura paralela,
objeto de comentarios y debates. En más de una ocasión, rodeado de estudiantes,
he podido comprobar qué fácil es desvelar el interés por el lenguaje y por las
lenguas y cómo, desde los problemas del habla, es posible reflexionar sobre los
pueblos y las personas. Y, poco a poco, se va llegando a una conclusión
esperanzadora: el conocimiento lingüístico (entre tantos y tantos saberes) nos
provee de autoconciencia y hace germinar en nosotros la estima creciente hacia
todos aquellos que, desde otras lenguas, manifiestan su pertenencia igualitaria
a la humanidad.
Jesús Tusón
Barcelona,
noviembre de 1988
Principio
Cuando alguien piensa en voz
alta o libera sus afanes en plaza pública, consuma un ejercicio temerario,
quién sabe si insensato: invita a los demás a pasear de buen grado por los
caminos del pensamiento —a veces sinuosos y otras, puro atajo— y les llama a
tomar parte en una construcción que, por el momento, sólo es un cañamazo, cuya
trama resulta, incluso, modificable.
Os convido, pues, a asomaros
al pozo insondable del lenguaje humano, a dejar que vuestra imagen —que es
vuestra lengua— se refleje en un espejo esplendoroso, de naturaleza perfecta e
insondable.
Os convoco para amar el
lenguaje y para amar y defender las lenguas, su unidad profunda y el abanico
magnífico de su diversidad. Porque tal vez no somos sino lenguas y cuando se
pierde una de ellas perdemos una parte esencial de nosotros mismos. Y cuando
alguien maniobra para borrar todas las lenguas excepto la suya, busca
convertirnos en menos humanos y se encamina directamente, por un camino sin
retorno, hacia el mundo inhumano del silencio.
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